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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 131

Ivana soltó una risa y no le dio más vueltas, pero, por inercia, replicó:

—Los papás de Nelson también se llevan de maravilla, ¿entonces por qué él es así de especialito?

Gilda se quedó sin palabras.

—Bueno... ¡quizás fue una mutación genética!

***

Después de almorzar, Gilda se fue primero. Ivana y Silverio, naturalmente, regresaron a la empresa.

Durante la competencia, el prototipo de Ivana ya había presentado algunas fallas.

Supuso algunas posibles causas y se puso a ajustar diferentes parámetros.

Todo parecía transcurrir con normalidad.

Pero cuando Ivana se levantó, alguien cercano la miró de reojo y le susurró a su colega:

—No es más que una pasante que acaba de entrar, ¡y nuestro jefe en persona la viene a dejar! Mira esas rosas... ¡seguro entró por palancas!

—Acabo de ver su currículum. ¿Viste la edad que tiene? ¿Y todavía no se gradúa? ¡A lo mejor no le da el promedio y no la dejan titularse!

—¿Siquiera sabe el nivel que se necesita para trabajar aquí? ¿Cree que puede venir a calentar el asiento y checar tarjeta nada más? ¡Solo nos va a retrasar a todos!

La industria de los drones era un sector que había crecido exponencialmente en los últimos años, y la mayoría de los técnicos eran jóvenes. Además, casi todos eran talentos salidos de las mejores universidades. ¿Quién no tenía su orgullo? Y lo que más despreciaban era a los que entraban por contactos.

Justo mientras hablaban, Ivana regresó después de ir por agua.

Para todos, ella era la recomendada del jefe. Por más que se quejaran a sus espaldas, no se atrevían a ofenderla de frente, así que todos se callaron.

En ese momento, alguien envió un artículo de un blog al chat grupal del trabajo.

Los que no tenían nada que hacer lo abrieron y, al ver el contenido, se quedaron atónitos. La mirada que le dirigieron a Ivana se cargó de aún más ira.

Ivana, ajena a todo, seguía trabajando en sus documentos cuando una risa fría y sutil sonó detrás de ella.

—¡Qué coincidencia! Nos volvemos a encontrar, Ivana.

Ivana se giró y vio que no era otra que Sharon.

Eran cosas que era mejor guardarse. ¡Simplemente no habría que asignarle tareas importantes en el futuro y ya está!

Pero Sharon no podía aceptarlo. Ella había conseguido su puesto gracias a su talento, enviando su currículum como cualquiera. ¿Por qué un adorno como Ivana, que entró por contactos, podía hacer lo que quisiera?

Sacó su celular, abrió el artículo que acababa de compartir en el chat grupal y se lo arrojó a Ivana en el escritorio.

—Si no admites lo demás, ¿vas a negar que hiciste esto?

Ivana, sin entender, bajó la mirada. Al leer el contenido del artículo, su rostro cambió por completo.

Alguien había desenterrado lo ocurrido hacía cuatro años, relatando cómo Ivana, en su propia boda y carcomida por los celos de que su esposo aún amara a su exnovia, ¡había planeado un accidente que la dejó sin poder usar sus piernas!

El artículo no solo era extremadamente detallado, sino que incluía fotos de aquel entonces.

Ese suceso era una pesadilla recurrente para Ivana. La imagen de Yadira en el suelo, con las piernas ensangrentadas, desplomada frente a ella, hizo que su rostro se pusiera pálido como el papel al instante.

—¡No es cierto! ¡Yo no lo hice!

Pero las miradas de sus compañeros estaban llenas de recelo y desprecio, con un toque de curiosidad morbosa.

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