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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 132

La policía había llegado a la escena en su momento. El escándalo fue enorme y todos pensaron que Ivana iría a la cárcel.

Sin embargo, el final del artículo insinuaba que, gracias a sus influencias, Ivana había llegado a un acuerdo por lo bajo, librándose así de la prisión.

Pero hasta la fecha, Ivana, la culpable, nunca se había disculpado con la víctima.

Después de eso, y aparentemente a causa del incidente, su esposo comenzó a tratarla con frialdad.

Todo esto había sucedido hacía mucho tiempo. ¿Quién se había tomado la molestia de recopilarlo y publicarlo en un blog?

Ante la acusación, Ivana mantuvo una postura firme.

—Eso es falso. ¡Yo nunca hice tal cosa!

—No son rumores, ¡son hechos! Después de llamar a la policía, los peritos investigaron la escena y confirmaron que fuiste tú. ¿Cómo puede ser falso? ¡Y todavía tienes el descaro de negarlo aquí!

Ivana negó con la cabeza instintivamente.

—¿Por qué habría de admitir algo que no hice?

Sharon curvó los labios en una mueca de desdén.

—¿Será que llevas tanto tiempo mintiendo que ya hasta te creíste tus propias mentiras?

Otros la secundaron:

—Cometer errores no es tan terrible, pero al menos tienes que admitirlos. No muestras ni la más mínima decencia y sigues diciendo que no hiciste nada malo. ¡Le arruinaste la vida a alguien!

—¡Destruiste las piernas de una gran bailarina! ¿Y ni siquiera tienes el valor de ofrecer una disculpa pública? ¡Qué insensible! ¡¿Crees que tener dinero te da derecho a todo?!

—A ella solo le quitaste un par de piernas que bailaban, pero tú perdiste tu amor. Jaja, ¿quién se atrevería a trabajar con alguien como tú, que hace lo que sea para salirse con la suya?

Además de querer hacer un buen trabajo, se había propuesto hacer nuevos amigos. No quería volver a ese estado de aislamiento social, por lo que durante la competencia había tomado la iniciativa de agregar a todos a sus contactos.

Pero este incidente la hizo encerrarse de nuevo en su caparazón.

Al salir del trabajo esa noche, Ivana, después de darle muchas vueltas, decidió pedirle ayuda a Silverio.

En teoría, debería haber evitado levantar sospechas en un momento como ese.

Pero no podía esperar más. Lo que había pasado cuatro años atrás era como una aguja envenenada con púas clavada en su corazón.

No fue a buscarlo a su oficina; en lugar de eso, lo esperó en el estacionamiento.

Silverio también se sorprendió. Esa historia circulaba solo en los círculos de la alta sociedad, ¿por qué alguien la sacaría a relucir de nuevo?

Buscó algunas palabras clave y descubrió que no era solo un artículo; varios blogs habían publicado la misma historia.

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