En ese momento, el software de la computadora por fin logró ubicar las coordenadas exactas de Ivana.
¡Estaba en Montaña del Destello!
Nelson no apartó la vista del punto parpadeante en la pantalla y le respondió a Yadira a toda prisa:
—En un momento llamo a Adán para que pase por ti.
Sin esperar respuesta, le colgó.
Envió la ubicación al sistema de navegación del coche y le ordenó a Lionel que arrancara a toda velocidad.
Montaña del Destello era una zona repleta de foros y bases de grabación, bastante alejada de la ciudad.
En el camino se toparon con varios semáforos en rojo. Al ver que las calles estaban despejadas, Nelson gritó:
—¡No te detengas, pásate los rojos!
Lionel apretó los dientes, despidiéndose mentalmente de su licencia de conducir, pero pisó el acelerador a fondo y cruzó a toda velocidad.
…
Mientras tanto, Rosita empujaba con esfuerzo un enorme carrito de lavandería de los que solían usar en los rodajes. Estaba cubierto de prendas de vestuario, y debajo de toda esa ropa, yacía el cuerpo inconsciente de Ivana.
Avanzó por la puerta trasera del callejón del hotel, con pasos rápidos y pesados.
Evidentemente, arrastrar a una persona adulta no era tarea fácil, y mucho menos cuando tenía que esquivar las cámaras de seguridad.
Los zapatos de Ivana se habían perdido en el trayecto. Tenía el cabello alborotado pegado a las mejillas y los labios con un tono pálido y amoratado a causa de los químicos.
Rosita la miró de reojo y esbozó una sonrisa imperceptible.
—No me culpes a mí, Ivana —murmuró—. ¡Tú fuiste la que se metió con la persona equivocada! Ella dejó muy claro que quiere destruirte.
Al llegar al Hotel de la Perla, Rosita usó la tarjeta con familiaridad para subir por el ascensor hasta el cuarto piso.
Los pasillos estaban iluminados con una luz amarillenta y lúgubre, y el suelo estaba cubierto por una alfombra gruesa que ahogaba por completo el sonido de sus tacones.
Al llegar a la habitación 404, pasó la tarjeta por la cerradura.
Con un leve pitido, la puerta se abrió.
El aire acondicionado estaba al máximo. El ambiente olía a una mezcla extraña de cuero y sándalo, y la iluminación rosada le daba al lugar un toque macabro y asfixiante.
Rosita arrastró a Ivana a rastras y la tiró a un lado.
En el centro de la habitación había una cama ridículamente grande, con una enorme estructura de hierro fijada en la parte superior.
La cama y la estructura parecían ser una sola pieza. En cada esquina había gruesas argollas de metal conectadas a correas de cuero negro.
Rosita sacó un trípode del carrito, montó una cámara de alta definición y la enfocó justo en el centro de la cama.
¡A Alberto, que tenía antecedentes como director de fotografía, le fascinaba documentar su arte!
Tras asegurarse de que todo estaba listo, dio un último repaso a la habitación y acomodó el cuerpo inerte de Ivana en una posición provocativa.
Le subió un poco la falda para dejar al descubierto sus largas piernas.
Aún inconforme, encendió el enorme aro de luz de la cámara.
La potente luz blanca iluminó de golpe el rostro de Ivana.
Aunque seguía profundamente inconsciente, el fuerte resplandor hizo que sus pestañas temblaran levemente.
…
Para entonces, Nelson y Lionel ya habían llegado a Montaña del Destello.
Con la computadora en mano, Nelson corría buscando la señal.
Toda la zona era una gigantesca ciudad de cine. Había varias producciones grabando, por lo que el lugar estaba abarrotado de gente.
No despegaba los ojos de la distancia que marcaba el radar. Debía estar muy cerca.

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