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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 204

Nelson seguía sosteniendo el celular de Leandra; la videollamada no se había cortado en ningún momento.

No dejaba de gritarle a la pantalla:

—¡Ivana! ¿Me escuchas? ¡Dime dónde estás! ¡Ivana!

En la pantalla del software de rastreo, el punto verde marcaba su propia ubicación, mientras que el punto rojo indicaba el paradero de Ivana.

Al ver que ambos puntos estaban a punto de superponerse, el corazón de Nelson comenzó a latir desbocado.

—¿Ivana? ¿Puedes oírme?

Sus gritos eran incesantes.

De pronto, logró percibir un sonido muy tenue, proveniente de unos metros más adelante.

Allí, tirado en el suelo de un pequeño bosque, estaba el celular de Ivana, con la pantalla bocabajo.

El sonido que escuchaba era el eco retardado de su propia voz a través de la línea: "¿Ivana? ¿Puedes oírme?".

Si el teléfono estaba ahí tirado... ¿Dónde estaba ella?

Una punzada de pánico y un mal presentimiento se enroscaron como una serpiente venenosa en los pensamientos de Nelson.

—¡Llama a la policía!

Nelson ni siquiera se había dado cuenta de que su voz estaba temblando.

Agarró a Lionel por el brazo y le ordenó a gritos:

—¡Llama a la policía ahora mismo!

Lionel se rascó la cabeza y miró a su alrededor, pensando que su jefe estaba exagerando demasiado.

—Señor Zavala, trate de calmarse. Es pleno día, hay un montón de gente grabando por todas partes... ¿Qué podría pasarle?

»Es una mujer adulta, lo más seguro es que solo se le haya caído el teléfono por accidente. Además, apenas han pasado un par de horas, ¿no?

Sabía perfectamente que, para reportar a alguien como desaparecido, la policía exigiría que pasaran al menos 24 horas.

—¡Te dije que llames a la policía! ¡Y si no vienen, llama a todos los guardaespaldas de la empresa y me la buscan!

El rugido de Nelson fue ensordecedor, cargado de una furia profunda.

Lionel, aterrorizado, encogió los hombros y obedeció de inmediato, marcando a las autoridades y movilizando a todo el equipo de seguridad de la corporación.

Como era de esperarse, los hombres de la empresa fueron los primeros en llegar.

Nelson, recordando el último atuendo que llevaba Ivana en la videollamada, les ordenó que la buscaran por todas partes, poniendo especial atención en cualquier mujer vestida de enfermera.

Usando el punto donde encontraron el celular como centro, se desplegaron en una búsqueda exhaustiva, peinando cada rincón del lugar.

Al mismo tiempo, mandó a un grupo a exigir las grabaciones de las cámaras de seguridad.

¡Qué maldita mala suerte!

Sin pensarlo dos veces, levantó la pierna y de una patada derribó la puerta, siendo el primero en irrumpir.

El interior de la habitación apestaba a un hedor rancio y lascivo. En el suelo yacía un familiar uniforme de enfermera hecho un desastre.

Sobre la cama, un hombre gordo y grasiento tenía sometida a una mujer completamente desnuda, moviéndose frenéticamente sobre ella, tan inmerso en su acto que ni siquiera se inmutó al escuchar el estruendo de la puerta.

—Señora Zavala... ¿Verdad que soy increíble? ¿Acaso no soy mejor que su esposo...?

El corazón de Nelson estuvo a punto de estallarle en el pecho. Corrió hacia la cama, agarró al hombre por el cuello y lo lanzó al otro lado de la habitación con una fuerza brutal.

¡Se escuchó un golpe sordo!

El tipo asqueroso se estrelló contra el piso, rompiéndose varios dientes y escupiendo sangre.

—¡¿Qué te pasa, imbécil?! ¿No sabes quién soy? ¡Te atreves a arruinarme el momento! ¡Te vas a arrepentir de haber nacido!

La mujer yacía boca abajo sobre la cama, desnuda y sin responder en absoluto.

Nelson se apresuró a cubrirla con algo de ropa. Pero al intentar desatarle la cuerda que rodeaba su cuello, sus dedos rozaron accidentalmente la arteria carótida.

La sangre de Nelson se heló por completo en sus venas y sus ojos se tiñeron de un rojo inyectado.

¡Ya no… ya no tenía pulso!

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