—¡Ivana!
Un grito desgarrador resonó en la habitación.
Nelson agarró a la mujer que estaba sobre la cama y le dio la vuelta de un tirón.
Sin embargo, ¡no era Ivana!
La mujer tenía ciertos rasgos parecidos a los de ella, pero su cuerpo estaba en un estado tan deplorable que resultaba insoportable de mirar.
Nelson no supo cómo logró salir de aquella habitación. Al llegar a la puerta, sintió que las piernas le fallaban y estuvo a punto de desplomarse.
Lionel se apresuró a sostenerlo.
Nelson agitó la mano débilmente.
—Ya pueden llamar a la policía. Que todos los que están adentro salgan. No alteren la escena, ¡el forense entrará a revisar en un momento!
Su voz había recuperado su habitual tono frío y controlado.
Cuando Lionel se alejó, Nelson caminó hacia un rincón solitario, se apoyó contra la pared y se dejó caer lentamente hasta sentarse, permitiendo que la brisa fría acariciara su rostro ardiendo.
Cerró los ojos despacio e inclinó la cabeza hacia atrás.
Recordaba muy bien la última vez que a Ivana le había pasado algo. Fue en medio de la noche cuando la empleada lo llamó al hospital para decirle que Ivana se había cortado las venas.
En ese momento, sintió un zumbido ensordecedor en la cabeza.
Llevaban semanas aplicándose la ley del hielo, y él llevaba medio mes viviendo en el hospital.
—¿Aún no te das cuenta del error que cometiste? ¿Dejaste a Yadira en ese estado y todavía lo niegas? ¡Solo te pedí que fueras al hospital a pedirle disculpas!
—¡Yo no fui! ¡No la empujé, no fui yo quien le arruinó la pierna!
—¿Sigues mintiendo? La policía ya investigó todo, ¡hasta usaron un detector de mentiras! Ivana, me decepcionas demasiado.
Tras recibir aquella llamada, irrumpió en la habitación del hospital y la vio: tenía el rostro pálido como el papel y las muñecas envueltas en gruesas capas de gasa.
En aquel entonces, al igual que ahora, se había apoyado contra la fría pared para no caer, sintiendo que las piernas no le respondían.
La mujer parecía sumamente emocionada y no dejaba de hablar sola, sin notar que Ivana ya había despertado.
Ivana aprovechó la oportunidad para tantear a su alrededor. Justo en el suelo había varios palos con formas extrañas.
Agarró uno de metal y lo escondió discretamente a su lado.
Esperó hasta que Rosita se dio la vuelta para acomodar un carrito lleno de disfraces.
¡En ese instante, Ivana saltó con todas sus fuerzas y le asestó un golpe directo en la nuca con el tubo de metal!
Quizás fue la adrenalina del momento, pero el impacto fue tan fuerte que Rosita puso los ojos en blanco y se desplomó.
Ivana se asustó muchísimo, ¡pensó que la había matado!
Le acercó los dedos a la nariz y, al sentir su respiración, comprendió que solo estaba desmayada.
Sin perder un segundo más, Ivana se dio la vuelta para huir, pero se dio cuenta de que no tenía sus zapatos.
Así que se agachó rápidamente para quitarle los suyos a Rosita.

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