—Jaime, el doctor dice que tu condición está bastante controlada últimamente. No habrá problema si sales del hospital por un par de días.
—¿Qué te parece si vamos a pasar el Año Nuevo a casa de tu papá? Jeje, ¿estás tan feliz como mamá?
...
Mientras tanto, en un bar.
Después de salir de su casa, Nelson había ido directo a buscar a Federico Ochoa para beber.
Desde que llegó, Federico no había parado de quejarse.
—¡No vas a creer que mi familia me organizó una cita a ciegas! Lo estuve pensando seriamente, y creo que mi papá ha tenido demasiado tiempo libre este año. ¡Así que he decidido darle un par de dolores de cabeza el año que viene para mantenerlo ocupado!
—Y por parte de mi mamá, ¡también me llamó para presentarme a su nuevo novio! Uf, dime algo, ¿crees que debería presentarle una chica joven a mi papá? ¡Así me dejaría en paz de una vez!
—Maldita sea, ¡soy un genio!
Nelson bebía en silencio mientras lo escuchaba, limitándose a revisar su teléfono a cada rato.
Federico ya se había dado cuenta de eso.
De repente, la pantalla del teléfono se iluminó. Alguien le había enviado un mensaje de voz a Nelson.
Él lo reprodujo al instante.
—Nelson, en un rato tengo que ir al canal de televisión para el primer ensayo con los bailarines. Si tienes tiempo, ¿me llevarías en tu auto?
Nelson no dudó y le respondió por mensaje: [Está bien.]
Federico por fin lo entendió. ¡Resulta que había estado esperando un mensaje de Yadira!
Pero entonces la situación le resultaba aún más confusa. Si Nelson estaba tan atento con Yadira, ¿por qué no se divorciaba de una buena vez y se casaba con ella?
Federico, sin pelos en la lengua, soltó:
—Oye, ¿cuándo piensas divorciarte?
Nelson miró el licor en su vaso y le dio un trago largo.
—Pronto.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Llegas tarde: el divorcio ya está firmado