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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 218

El viento cortante arrastraba una ráfaga de nieve que le golpeaba el rostro como si fueran agujas de hielo.

Se frotó los ojos irritados, le dio la vuelta a su bufanda empapada para usar el lado menos sucio y se arropó con ella, intentando conservar un poco de calor.

En ese momento, uno de los guardias de seguridad que patrullaba los jardines la vio y se apresuró a acercarse para ofrecerle una chaqueta limpia.

Ivana le agradeció en voz baja.

Para entonces, muchos de los invitados ya habían llegado a la mansión. Al notar la ropa sucia y el aspecto desaliñado de Ivana, varios se detuvieron a mirarla con disimulo.

Ivana fingió no darse cuenta de las miradas y continuó arrastrando sus pies entumecidos hacia el interior.

A mitad del pasillo, se encontró con Gisela, una de las empleadas de confianza que ya conocía.

—¡Señora! ¿Qué le pasó? ¡Está toda cubierta de barro!

Al abrir la boca, una nube de vapor salió de sus labios, que ya estaban amoratados por el frío. —Resbalé y caí en las escaleras de la entrada.

Gisela se apresuró a guiarla hacia el interior de la casa, donde el sistema de calefacción la envolvió en un ambiente reconfortante.

Aunque la inmensa residencia conservaba una fachada tradicional con tejas y ventanas talladas en madera, el interior era completamente distinto.

Bajo las vigas de madera centenarias colgaban enormes lámparas de diseño vanguardista.

Era una mezcla perfecta entre el prestigio histórico de la familia y las comodidades del lujo moderno.

—Ha estado nevando toda la mañana y no terminamos de limpiar la entrada. Siento muchísimo que haya resbalado —se disculpó la empleada.

Ivana apenas esbozó una sonrisa débil y la siguió hacia el segundo piso, cojeando visiblemente con cada escalón.

Al ver que a Ivana le costaba tanto subir, Gisela se acercó para sostenerla del brazo, pero sin querer presionó justo donde tenía un fuerte golpe.

Ivana frunció el ceño por el dolor, pero no se quejó.

Su ropa estaba tan mojada y su cuerpo tan congelado que casi había perdido la sensibilidad.

—El señor Nelson me pidió que viniera a recibirla. ¡La llevaré de inmediato a que se cambie de ropa!

Doña Daniela era una mujer extremadamente pulcra y exigente. Si veía a Ivana en ese estado, seguro le armaría un escándalo.

Ivana preguntó en un tono casual: —¿Nelson sigue acompañando a su madre?

Gisela dudó un instante y desvió la mirada. —Eh... el señor Nelson está con la señora, sí. Pero... también están acompañados por una joven y su hijo, que llegaron hace rato.

Ivana agachó la cabeza. Unos mechones de cabello húmedo le cubrieron el rostro, ocultando la expresión de absoluta desolación en sus ojos.

Capítulo 218 1

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