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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 239

Aún estaban lejos, pero los gritos de la discusión resonaban con fuerza en los pasillos.

Tal vez fue el eco de los pasos apresurados del grupo, pero al notar que alguien se acercaba, madre e hijo guardaron silencio de manera abrupta.

Cuando todos llegaron al lugar, Nelson y Petrona estaban parados a cierta distancia, con los rostros endurecidos por el enojo, negándose a mirarse a la cara.

Daniela tenía el ceño tan fruncido que sus arrugas parecían haberse duplicado. Los reprendió con dureza: —Ustedes dos apenas se ven un par de veces al año, y no pueden ni terminar una cena en paz. ¿Ahora por qué están discutiendo?

Quien no supiera que eran madre e hijo habría jurado que eran enemigos a muerte.

Nadie sabía exactamente cuándo había comenzado, pero desde hacía años, cada vez que se encontraban, la tensión se podía cortar con un cuchillo.

Incluso si no estaban gritándose, la frialdad y las miradas cortantes eran la norma entre ambos.

Ivana levantó la vista y observó a Petrona; sintió una pesadez en el pecho. ¡Era evidente que había fracasado!

—Suficiente —sentenció Daniela—. No me importa por qué están peleando, déjenlo para después. ¡La cena se está enfriando!

Dicho eso, la anciana dio media vuelta y emprendió el camino de regreso.

Los dos implicados, todavía con las caras rojas por el altercado, se tragaron sus palabras y caminaron en silencio detrás de ella.

Yadira se había quedado en la retaguardia de forma calculada. Se aseguró de mantener una distancia prudente de Petrona antes de acercarse a Nelson. Quiso decir algo para tantear el terreno, pero no se atrevió.

Tenía tantas ganas de preguntarle por qué la relación con su madre era tan tóxica.

¿Podría ser... por ella?

A fin de cuentas, la razón principal por la que no llegaron al altar años atrás fue por la intervención implacable de Petrona, quien los obligó a separarse.

¿Acaso Nelson había guardado resentimiento contra su madre durante todos estos años por ese motivo?

Ante ese pensamiento, el corazón de Yadira dio un brinco de pura euforia.

Aunque Nelson no era un hombre de muchas palabras, ¡estaba claro que ella seguía ocupando el lugar más importante en su corazón!

Después de todo, se conocían de toda la vida y habían sido el primer amor el uno del otro. Una conexión así no se borra de la noche a la mañana.

Si él se negaba a divorciarse de Ivana, seguro era solo por pena o por los recuerdos del pasado. Él se daría cuenta de quién era la mujer que verdaderamente le correspondía, todo era cuestión de paciencia; no podía apresurarse.

—Don Gonzalo, ¿buscaba hablar conmigo?

Gonzalo le sonrió amablemente. —Esta mañana le envié un mensaje a Paola pidiéndole que me trajera algo. Quiero dártelo como un pequeño regalo.

Le tendió un objeto envuelto.

Ivana le dio las gracias y lo tomó rápidamente. Al darle un vistazo, se dio cuenta de que parecía una cinta de video antigua de VHS.

—Ah, por cierto —añadió Gonzalo—. Hoy también le devolví a Nelson ese cuaderno suyo. Estoy seguro de que hay cosas escritas sobre ti. ¡No olvides preguntarle qué apuntó!

Aunque a Ivana no le interesaba en absoluto, forzó una sonrisa por cortesía.

Gonzalo la miró. Aunque estaba sonriendo, la tristeza y la angustia seguían enmarcadas en sus ojos. Él sintió una profunda preocupación.

La verdad era que, cuando salió a buscar aquel objeto, había pasado cerca de los baños y escuchó la fuerte discusión entre Nelson y Petrona.

¡No podía creer que la situación hubiera escalado hasta el punto de querer divorciarse!

Sentía mucha lástima por ellos. —Ivana... Cuando Nelson y tú empezaron a salir, se veían tan enamorados. Hacían una pareja hermosa, ¡la envidia de todos! De todo corazón espero que puedan superar esta crisis de los siete años. No tiren la toalla tan rápido.

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