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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 251

Ivana se quedó paralizada por un instante, con un sabor amargo en la boca.

Quería decirle que no es que no hubiera querido contárselo... ¡pero en ese momento él estaba demasiado ocupado buscando al culpable de su desgracia!

Siempre era lo mismo: cuando más lo necesitaba, él brillaba por su ausencia.

¿Y de qué serviría decírselo ahora? ¿Acaso él daría la cara por ella?

Ivana lo conocía a la perfección, tanto que hasta podía adivinar las excusas que inventaría para defenderse.

«¿De qué sirve decírtelo? Después de todo, es solo un niño y, además, un paciente. Como doctor, no puedes echar a un paciente a la calle, ¿verdad? ¡Lo entiendo perfectamente!».

Nelson Zavala se quedó sin palabras ante su sarcasmo. Esbozó una sonrisa sombría.

—El día que me mates del coraje, prepárate para ser viuda —soltó.

Ivana rodó los ojos. «¡Mejor para mí!».

Pero Nelson captó el gesto. Se inclinó hacia ella de inmediato, tomándola por la barbilla con firmeza.

—¿Qué estabas pensando justo ahora? —le recriminó—. ¿Me estabas maldiciendo?

Ivana giró el rostro para zafarse de su agarre.

—¿Y a ti qué te importa?

«Quería controlar todo, ¿y ahora también quería gobernar sus pensamientos? ¡Qué hombre tan arrogante!».

Como ya había terminado de aplicarse el ungüento, Ivana se levantó a toda prisa, recogió su bata de baño del suelo, se la puso y salió corriendo de la habitación.

A sus espaldas, escuchó la voz de Nelson, cargada de desdén.

—¿Por qué huyes? Mírate, estás llena de moretones, no tienes ni un centímetro de piel sana. ¿Crees que me vas a provocar algún deseo así? ¡No te hagas ilusiones!

Una vez que Ivana se cambió de ropa, bajó al comedor para cenar.

Sobre la mesa había una variedad de platillos exquisitos, muy nutritivos y fáciles de digerir.

Ivana simplemente escogió lo que se le antojaba y empezó a comer.

Poco después, Nelson bajó y se sentó frente a ella.

En aquel inmenso comedor, el único sonido era el tintineo de los cubiertos contra la porcelana. El silencio era abrumador.

Ivana no levantó la mirada de su plato; masticaba con lentitud, ignorando por completo al hombre que tenía enfrente.

Después de un buen rato, Nelson rompió el hielo.

—El profesor Gonzalo y Paola quieren que vayamos a cenar con ellos antes de Fin de Año.

Ivana asintió secamente.

El Dr. Ponce supo de inmediato quién era por la hora. Mientras sacaba un expediente, exclamó:

—¡Adelante!

Nelson abrió la puerta y entró. Antes de que pudiera decir una palabra, el Dr. Ponce ya había desplegado los documentos sobre el escritorio.

—Dr. Zavala, ¡la recuperación de su suegra después de la cirugía va por excelente camino!

Nelson hojeó el expediente médico. Los indicadores de salud de Mariana Basurto estaban volviendo a la normalidad.

—Le agradezco mucho todos los cuidados que le ha brindado este tiempo —dijo, asintiendo.

El Dr. Ponce soltó una carcajada afable.

—Hombre, con la fortuna que me pagó por venir, es lo menos que podía hacer. Pero me sorprende usted, viniendo todos los días a preguntar por su suegra. Con tanta dedicación, imagino que está profundamente enamorado de su esposa, ¿verdad?

Nelson bajó la mirada, ocultando la amargura en sus ojos.

—Con que no me dé una bofetada, ya me doy por bien servido.

El Dr. Ponce pensó que era una simple broma, pero en el fondo se sentía un poco culpable.

Originalmente, habían fijado la fecha de la cirugía semanas atrás, pero un asunto personal lo había retenido en el extranjero un par de días.

El día que finalmente regresó al país, fue el propio Nelson quien fue a recogerlo al aeropuerto.

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