Yadira salió de la oficina de Nelson con el ánimo por los suelos.
Al regresar a la habitación 609 y ver que Jaime ya se había quedado dormido, bajó a buscar una cafetería cualquiera.
Eligió estratégicamente la mesa que estaba justo debajo de la calefacción para disipar el frío que se le había calado hasta los huesos.
Después de tantos años, ¡la frustración la consumía por dentro!
Ella había conocido a Nelson primero. Ella fue quien estuvo a su lado durante su época más oscura y difícil.
¿Por qué, entonces, terminó casándose con Ivana?
Tenía que admitir que, aquel día en el ascensor del Hotel Dorado, las palabras que le había dicho a Ivana llevaban una pequeña trampa oculta.
Sabía perfectamente que, sin importar qué evento hubiera ocurrido aquel día, Nelson jamás se atrevería a darle una explicación directa a su esposa.
¡Porque se sentía culpable!
Lograr sembrar la discordia entre esos dos le producía una profunda satisfacción.
El único problema era que eso también la obligaba a revivir el recuerdo más doloroso de toda su vida.
Cuando el mesero le trajo el café, Yadira tomó la cucharita para revolverlo por inercia, pero notó que le temblaba la mano.
Era evidente que ella tampoco la estaba pasando bien.
¡Lo que había ocurrido hacía cuatro años seguía siendo una pesadilla imborrable!
Aun así, prefería reabrir sus propias heridas con tal de encontrar la manera de crear una grieta irreparable entre ellos.
Ya había perdido demasiado en la vida; ¡no podía permitirse perder también a Nelson!
En el pasado, cuando ambos ya hablaban de matrimonio, ella estaba llena de ilusión.
Pero Nelson le explicó que, debido al cargo político y la posición de Petrona, cualquier persona que entrara a su círculo íntimo debía pasar por una estricta investigación de antecedentes.
—Mamá, ¿viste los mensajes que te mandé? Tengo la cabeza hecha un lío. Creo que Ivana se fue de la ciudad anoche mismo, pero es evidente que Nelson no quiere dejarla ir.
»Hoy me habló con un tono muy agresivo, ¿qué voy a hacer? ¿De verdad no puedo ocupar el lugar de Ivana en su corazón? ¡Si yo lo conocí primero!
La voz al otro lado de la línea transmitía una calma y una seguridad que ya llevaba en la sangre. Esperó a que su hija terminara de desahogarse antes de hablar con lentitud:
—Hija, no te desesperes. Hace cuatro años sufriste una injusticia terrible, y Nelson también tiene parte de la culpa en eso. ¡Tienes que saber jugar con el sentimiento de culpa de un hombre!
»Y en cuanto al paradero de Ivana, ¡creo que ya sé a dónde fue!
Yadira sorbió por la nariz, incrédula.
—Pero, mamá, ¿no estás en el extranjero? ¿Cómo vas a saber a dónde fue?
La mujer soltó una risa suave. Su voz profunda denotaba la sabiduría de los años, y aunque sonaba delicada, transmitía la sensación de tenerlo todo bajo control.
—Cuando los animales se sienten en peligro, su instinto los hace huir hacia el lugar que más conocen. Solo fíjate en los noticieros: cuando persiguen a los criminales, el pánico siempre los hace correr a esconderse en su pueblo natal.

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