Ivana no podía entender cómo una persona podía ser tan desvergonzada.
Su madre, echando chispas, le gritó:
—¡¿No tienen vergüenza?! ¡Aún no he ido a buscarlas para ajustar cuentas y se atreven a venir a mi casa!
—Pues ya que estamos aquí, vamos a sacar cuentas. Todos estos años, ese desgraciado de Domingo debe haber gastado una fortuna manteniéndolas, ¿verdad?
—Ya que eres abogada, deberías saber que, en estos casos, yo, como su esposa legal, ¡puedo demandarte y exigir la devolución de ese dinero!
Tal y como lo dijo, su madre lo hizo. Llevó a ambas mujeres a los tribunales y solicitó todo el historial bancario de Domingo.
El banco confirmó que Domingo solía retirar gran parte de las ganancias de sus trabajos independientes, pero lo hacía en efectivo.
No había ningún registro de transferencias, por lo que era imposible rastrear el dinero.
Por esa misma razón, los negocios ilícitos siempre se manejan en efectivo: sin transferencias a nombre de alguien, no hay pruebas.
Fue entonces cuando su madre por fin se dio cuenta de que Domingo siempre se había encargado de asegurarles la vida a esas dos, mientras ella vivía en la ignorancia total, como una perfecta ilusa.
En medio de todo ese proceso, Yadira fue expresamente a buscar a Ivana a su escuela y le habló con una burla nada disimulada.
—¡Conque estudias en una escuelita tan mediocre! Tú y yo no somos iguales; ¡a mí mi papá se encargó de pagarme el mejor colegio privado!
Ivana la miró, sintiendo que la ira le hervía desde lo más profundo del pecho.
—¡Eres una mentirosa!
—¿Mentirosa? —El tono de Yadira se volvió aún más venenoso—. Papá nos pidió específicamente a mamá y a mí que no fuéramos al hospital. Nos dijo que la gente se pone muy fea antes de morir y que no quería que nosotras sufriéramos al verlo así.
—Nos dijo que, al fin y al cabo, Mariana tendría que cuidar de él para mantener las apariencias frente a los demás y fingir ser la esposa perfecta. ¡Estaba seguro de que lo atendería de maravilla!
—¡Ya ves, papá pensó en nosotras hasta su último aliento!
Pero los prestamistas no tenían idea de que esos inmuebles ya estaban hipotecados con el banco. Aquellos criminales fueron estafados y perdieron millones, y como el culpable había muerto, terminaron cobrándoselas con Mariana e Ivana.
¡Las secuestraron y las amenazaron de mil maneras para que pagaran la deuda!
Pero Mariana e Ivana ni siquiera sabían de la existencia de ese dinero.
Una suma tan grande de dinero había desaparecido como por arte de magia. Era más que evidente en manos de quién lo había dejado Domingo.
Su madre recordó entonces la amenaza que la mujer le lanzó en el funeral sobre "atenerse a las consecuencias".
Aquella intrusa lo sabía todo desde el principio, y aun así decidió presentarse al velorio.
Después de pasar toda una vida siendo "la otra" en la clandestinidad, la mujer quiso darse el lujo de humillar a la esposa legítima; por eso eligió el funeral a propósito para mortificarlas.
¡Y después de eso, aquella madre e hija se llevaron todo el dinero limpio y se marcharon al extranjero para vivir como reinas, dándose la gran vida mientras pasaba la tormenta!

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