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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 299

Ivana estaba de pie a un lado, viendo cómo las fotos pasaban una por una.

Eran imágenes de Yadira en distintas etapas de su vida, desde que era una bebé hasta que empezó a ir a la escuela.

Incluyendo cada cumpleaños. Domingo no había faltado a ni uno solo.

En cada foto, Yadira aparecía sentada al frente con una corona de cumpleaños, mientras Domingo rodeaba a la mujer con el brazo, sonriendo a la cámara, luciendo como la imagen perfecta de la felicidad.

También había varios videos en los que Domingo llevaba a Yadira y a esa mujer a divertirse a un parque de diversiones.

—¡Papá, mamá, quiero subirme a ese!

—¡Claro que sí, ahorita papá te lleva!

Domingo sonreía tanto que los ojos se le hacían dos líneas finas. Agachaba la mirada para tomar la pequeña mano de Yadira, irradiando una satisfacción indescriptible.

Ivana se quedó pasmada. Haciendo memoria, su papá nunca le había hablado con tanta dulzura y jamás le había tomado la mano con tanto cariño.

Su papá siempre la llamaba por su nombre completo, mostrándose serio y estricto frente a ella todo el tiempo.

Su madre incluso escuchó algunas de las grabaciones de voz entre la mujer y su padre. El rostro se le puso pálido como el papel, le faltó el aire y se desmayó ahí mismo.

Ivana sintió como si le hubieran amarrado una roca enorme al pecho, pero enseguida la invadió la rabia. ¡Quería correr hacia su padre y exigirle a gritos una explicación!

¿Por qué les había hecho eso a ella y a su madre?

¿En qué le habían fallado?

¡Durante los últimos días de su vida, en los momentos más agonizantes, su madre lo había cuidado día y noche!

¿Acaso no sintió ni una gota de remordimiento en su corazón?

Si de verdad ya no sentía amor por su familia, ¡pudo haberlo dicho de frente!

Su madre no era una mujer irracional, se habría divorciado de él para dejarlo en libertad. Pero, ¿por qué engañarlas?

¡Y las engañó por tantos años, burlándose de las dos como si fueran unas idiotas!

¡Se fue sin dejarles ni una sola palabra!

Sin embargo, el asunto aún no terminaba.

—Ustedes dos deberían estar satisfechas. Después de todo, ustedes fueron su esposa e hija legítimas. Mi hija y yo tuvimos que vivir en las sombras todos estos años.

—Como él ya falleció, no tiene sentido seguir dándole vueltas al tema.

—Pero resulta que soy abogada. El Código Civil estipula que los hijos fuera del matrimonio también tienen derecho a la herencia. Así que la razón de nuestra visita es...

Su madre, ciega de rabia, agarró una escoba y las echó de la casa a escobazos.

—¡Lárguense, par de descaradas! ¡Los ahorros de esta casa se fueron en los gastos médicos de ese viejo animal! Y esta casa era mía antes de casarme, ¡así que no verán ni un centavo!

Pero la mujer ignoró la histeria de su madre y, con un tono burlón, respondió:

—No importa si los ahorros se acabaron. Aún quedan el negocio y los locales, ¿verdad? Te aconsejo que nos des la parte que nos corresponde, ¡o atente a las consecuencias!

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