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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 339

Tras salir de la Mansión Zavala, Nelson le pidió a su chofer que lo llevara de regreso a la Calle de San Rafael.

Se apoyó en el asiento trasero y cerró levemente los ojos. Aunque su rostro no mostraba emoción alguna, unas finas gotas de sudor ya perlaban su frente.

Justo cuando estaba frente a su abuela, su brazo había empezado a sufrir espasmos incontrolables, y ahora sentía unas punzadas de dolor insoportables.

Nelson se giró y sacó unas vendas de primeros auxilios del botiquín del auto.

Aunque le resultaba bastante difícil maniobrar, logró fijar de nuevo su brazo usando una sola mano.

Durante todo el proceso, mantuvo una calma pasmosa, como si estuviera tratando un asunto que no tuviera nada que ver con él.

Luis observó la escena de reojo por el espejo retrovisor y dijo apresuradamente:

—Estamos a punto de llegar al hospital, señor Zavala. ¡Aguante un poco más!

Nelson asintió con indiferencia y luego, casi por instinto, sacó su teléfono celular para abrir el sistema de cámaras de seguridad de su casa.

Pero en el instante en que la pantalla se iluminó, ¡sintió que el corazón se le encogía!

Ni en la sala, ni en la habitación, ni en el estudio, ni en los baños había rastro de ella.

¡Ese pánico tan familiar volvió a invadirlo!

Nelson marcó de inmediato el número de la sirvienta:

—¿Dónde está Ivana?

—¿La señora? Salió a comer. Creo que quedó de verse con la segunda hija de la familia Mayén, Gilda. ¡Lionel fue conduciendo para acompañarla!

La voz de Leandra sonó a través del auricular, con un toque de cautela.

Los nervios tensos de Nelson se relajaron un poco, pero no del todo. En lugar de eso, una rabia inexplicable comenzó a arder en su interior.

¿Gilda?

¡¿Por qué ella otra vez?!

Días atrás, mientras Nelson investigaba el paradero de Ivana, descubrió que esa tal Gilda no era ninguna santa.

Desde que Ivana empezó a hablar con ella más seguido, Gilda siempre la arrastraba a toda clase de lugares turbios: ¡que si a los bares, que si a las discotecas!

Incluso ese supuesto abogado de divorcios que Ivana había consultado la última vez, lo conoció por medio de esa tal Gilda.

Tan pronto como su coche se detuvo, Nelson abrió la puerta y bajó. Para entonces, Ivana, Gilda y el hombre ya estaban dentro del auto.

Nelson caminó directo hacia el deportivo rojo y golpeó la ventanilla con fuerza.

La ventanilla bajó lentamente. Las dos jóvenes todavía tenían sonrisas en el rostro por algo de lo que estaban riendo, pero al ver la expresión sombría de Nelson, las sonrisas se les congelaron al instante.

—¡Ivana, bájate! Deja de juntarte con gente de dudosa reputación. ¿De verdad crees que es seguro subirte a este coche?

Mientras decía eso, Nelson no dejó pasar la oportunidad de lanzarle una mirada fulminante a Gilda y al extraño que estaba sentado en la parte de atrás.

¡Maldita Gilda, mira que presentarle a cualquier tipo a Ivana!

—Nelson, ¿por qué no te lavas la boca antes de hablar? ¿A quién le llamas gente de dudosa reputación?

Ivana frunció el ceño de inmediato, sintiéndose avergonzadísima.

Pero era evidente que Nelson iba por ella y se había plantado ahí mismo para no dejar que el auto avanzara.

Lo pensó por un segundo y, a regañadientes, se preparó para bajarse. De todos modos, ya tenía planeado regresar a la casa.

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