En unos días sería el cumpleaños de doña Petrona. Ivana tenía buena relación con ella, así que seguramente asistiría.
¡Esa sería la ocasión perfecta para darle su merecido!
En ese momento, alguien llamó a la puerta y entró trayendo una sopa caliente para que la abuela recobrara fuerzas. Era Yadira.
Solo que mantenía la cabeza baja y los ojos ligeramente enrojecidos. ¡Quién sabe cuánto habría escuchado de la conversación entre Nelson y la anciana!
Como la señora mayor había estado enferma esos días, Yadira la visitaba con frecuencia.
Al verla, Daniela le tomó la mano con ternura.
—Tú sí que tienes un buen corazón, ¡eres mil veces mejor que Ivana! Buena muchacha, cuando veas a Nelson, asegúrate de hablar con él. ¡Convéncelo de que regrese a la empresa lo antes posible!
Yadira asintió dócilmente.
—No se preocupe, abuela. Lo tendré presente.
Luego, ella hizo una videollamada para Jaime.
Al ver en la pantalla a aquel chiquillo, que la saludaba con su vocecita tierna diciendo «Hola, abuela», el rostro de Daniela por fin se iluminó con una sonrisa.
Pero cuando Yadira salió de la casa y subió a su auto, la sonrisa que había estado fingiendo se desmoronó al instante.
En realidad, había escuchado cada palabra de lo que Nelson dijo, y sentía el pecho a punto de estallar de resentimiento, sin nadie con quien desahogarse.
Momentos después, marcó un número en su celular.
—¡Mamá, tienes que volver pronto! ¡Ya no sé qué más hacer!
La mujer al otro lado de la línea no dijo nada, simplemente escuchó en silencio.
Yadira por fin respiró aliviada. Desde niña, siempre que su madre estaba cerca, ella sentía una paz inmensa.
Tenía el presentimiento de que, en cuanto su madre regresara, acabarían fácilmente con Ivana, ¡y la ayudaría a recuperar a Nelson de una vez por todas!
—Por cierto, mamá, aquella Mariana salió del hospital hace unos días.
Al escuchar ese nombre, la voz al otro lado soltó una risa despectiva.
—¿Mariana? Hace mucho que no la veo. Pero ella no es más que una perdedora a la que ya derroté. ¡A estas alturas, ella y yo ya ni siquiera estamos en el mismo nivel!
Yadira añadió:
—Además, se volvió a casar. ¡Y ahora tiene un hijo nuevo!
—Oh, ¿de verdad? ¡Entonces, cuando regrese, será la ocasión perfecta para ir a visitar a mi vieja amiga y ver qué tan bien le va!

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