Ivana se agachó lentamente, recogió un trozo de espejo roto del suelo y en él vio su propio reflejo miserable.
El maquillaje impecable que le había tomado toda la mañana estaba arruinado por las lágrimas, y su inmaculado vestido de novia estaba manchado de polvo.
Fue en ese preciso instante cuando tuvo un mal presentimiento.
La boda, que debía haber sido el comienzo de su final feliz, se estaba convirtiendo rápidamente en el prólogo de una pesadilla.
Abrazó sus rodillas y rompió a llorar desconsoladamente. Sin embargo, unos minutos después, se puso de pie, con una nueva determinación brillando en sus ojos.
No. No iba a darse por vencida así como así, ¡y mucho menos iba a dejar que el retorcido plan de Yadira funcionara!
¡Tenía que descubrir la verdad y demostrarle a todos que ella era la verdadera víctima!
Se dio la vuelta con la intención de cerrar la puerta del vestidor, pero la larga y pesada falda del vestido le estorbaba el paso.
Respiró hondo, sacó unas tijeras de un cajón de maquillaje.
Cortó la voluminosa falda de un solo tajo, cerró la puerta de un golpe y llamó a la policía.
No se movió hasta que vio llegar a los oficiales y acordonar la escena.
Solo entonces, Ivana salió y preguntó en qué hospital habían ingresado a Yadira.
Yadira acababa de ganar un concurso de talentos como bailarina principal.
Había firmado con una gran agencia y estaba a punto de debutar en la televisión. ¡Tenía un futuro brillante por delante!
Por eso, Ivana estaba convencida de que esto no era más que una actuación barata, un drama orquestado por Yadira para arruinarle la boda.
Incluso de camino al hospital, se negaba a creer que las heridas fueran reales.
¡Todo era una farsa!
¡Iba a desenmascararla con sus propias manos!
Los amigos de Nelson también eran excompañeros de Yadira. ¡Seguro estaban todos confabulados para engañarla!
¡Y a Nelson también le habían lavado el cerebro para que dudara de ella!
Esa mirada hizo que a Ivana se le helara la sangre.
—¿Ya estás contenta? ¡El doctor dice que el daño es tan extenso que probablemente Yadira no vuelva a pisar un escenario jamás!
¿Jamás volver a pisar un escenario?
Ivana sintió que la cabeza le daba vueltas. Se acercó un poco más para ver las heridas con sus propios ojos.
Incluso en la inconsciencia, la mujer en la cama tenía el ceño fruncido y el rostro demacrado.
Ivana había sido voluntaria en hospitales durante mucho tiempo; conocía perfectamente esa palidez enfermiza. No era maquillaje. No había rastro de actuación.
En ese momento, el doctor salió de hacer su revisión. Pensando que Ivana era un familiar, habló con tono sombrío:
—La paciente sufrió daños en los nervios motores. Aunque se recupere, no podrá soportar la intensidad de los entrenamientos de baile. Para una bailarina, esto es un golpe devastador. ¡Por favor, apóyenla mucho cuando despierte!
Ivana se quedó de piedra, inmóvil en la puerta.

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