Ivana ponía los ojos en blanco mientras escuchaba.
¡De no ser porque su madre estaba a su lado, le habría tirado esos fideos hirviendo en la cara a Nelson!
Mariana reprendió a Ivana un poco más frente a Nelson, pero como tenía que ir a la escuela a recoger a Emilio, llamó a Ivana afuera a solas antes de irse.
Madre e hija se alejaron un poco. Una vez que Mariana estuvo segura de que no podían escucharlas desde la habitación, su expresión se suavizó.
Tomó a Ivana del brazo y le dijo: —Vi la cara de fastidio que tenías ahí adentro. ¿Se pelearon tú y Nelson?
Ivana negó con la cabeza.
Incluso había ocultado su reciente viaje a Ciudad Estival para no preocuparla.
—Entonces, ¿estás muy estresada por el trabajo o te pasa algo?
Ivana volvió a negar. —Tranquila, mamá, estoy bien.
Mariana seguía estudiándole el rostro, sin quedarse muy convencida. —¿Te estás tomando la medicina para el estómago a tus horas? Sea como sea, ¡tienes que cuidar tu salud! Ya te toca tu chequeo médico después de Año Nuevo, ¿verdad? ¡Asegúrate de mostrarme los resultados cuando los tengas!
Le dio un sinfín de recomendaciones más, a las cuales Ivana simplemente asentía.
Después de eso, volvieron al tema de Nelson.
Mariana miró hacia la habitación y bajó la voz. —Si te da flojera cuidarlo, llama a alguien para que te ayude o pide algo de comida, pero al menos tienes que venir a verlo.
Cuando alguien del matrimonio está hospitalizado, el otro mínimo debe ir a visitarlo.
La actitud de Ivana dejaba mucho que desear.
Como suegra y al haber sido testigo de la situación, Mariana sentía la necesidad de reprender a su hija, aunque fuera por apariencia, para dejar clara su postura frente a su yerno.
Pero en el fondo, su corazón siempre estaría del lado de Ivana y solo se preocupaba de que trabajara demasiado.
Nelson consiguió papas, las cortó en rodajas extremadamente finas y se las puso con delicadeza en el dorso de la mano para desinflamarla.
Se quedaba sentado junto a la cama toda la noche. Si Ivana no lograba dormir, él tampoco pegaba el ojo, aguantando hasta que los ojos se le ponían rojos por el agotamiento.
—Fíjate cómo te cuidó él cuando estuviste internada. Ahora que es su turno, lo mínimo que puedes hacer es venir a verlo, ¿no crees? Si no, se va a sentir muy mal.
Al ver que Ivana asimilaba sus palabras, Mariana alzó un poco la voz para que se escuchara hasta la habitación: —¡Quédate aquí cuidándolo y ponle un poco de empeño, si no, te las verás conmigo!
Luego se volvió hacia Ivana y le susurró: —Bueno, ya me voy. Quédate un rato más y, si te cansas, ¡vete a descansar a la casa!
Ivana se quedó un rato de pie en el pasillo antes de volver a entrar.
Para su sorpresa, la comida estaba intacta. Nelson no había probado ni un bocado.
—¿No que te morías de hambre? ¿Por qué no comes?

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