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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 355

El pecho de Nelson subía y bajaba agitadamente por el coraje. —Antes nunca dejabas que comiera este tipo de cosas sin nutrientes. ¡No importaba lo tarde que trabajara, siempre me llevabas comida casera personalmente!

¿Antes?

¿Por qué seguía sacando el pasado? ¡Qué fastidio!

Ivana soltó una risa burlona. —Parece que el Dr. Zavala tiene mala memoria. Te recuerdo que esa comida que te preparaba con mis propias manos terminaba siendo arrojada a la basura sin la menor importancia.

—¿Qué pasa, ahora la extrañas? ¡Pues ve a buscar en la basura a ver si la encuentras!

Nelson se quedó sin palabras.

Al verlo tragar saliva sin poder responder, Ivana sintió que el nudo en su pecho se aflojaba un poco, pero fue reemplazado por un cansancio indescriptible.

Se levantó y usó la cafetera para calentar un poco de agua.

Esta vez, Nelson no dijo nada.

Ivana agarró un envase al azar, levantó la tapa hasta la mitad para poder verter el agua caliente más fácilmente.

Luego, tomó el sobrecito de los condimentos y lo rompió con los dientes.

Pero calculó mal la fuerza; con un fuerte chasquido, el polvo del condimento salió volando por todas partes.

Gran parte terminó directamente en la cara de Nelson. Se veía bastante ridículo.

Nelson frunció el ceño con brusquedad e intentó limpiarse el rostro.

Pero con un brazo inmovilizado en el cabestrillo y la otra mano limitada por el suero, se quedó paralizado con la mano a medio levantar.

—Perdón, no fue mi intención.

Ivana sacó una toallita húmeda, le limpió la cara sin mucha delicadeza y luego continuó echando el condimento en los fideos.

Simplemente estaba acostumbrada a usar los dientes.

Nelson miró el sobre de condimento todo mordisqueado. Con su ligero trastorno obsesivo-compulsivo, aquello era demasiado para él.

Con la mano que tenía conectada al suero, buscó a tientas en el cajón hasta encontrar unas tijeras.

Usando una sola mano, agarró los demás sobres y los cortó perfectamente por la línea punteada.

Mariana se llevó un buen susto. Rápidamente dejó la vianda y se acercó. —Ay, Nelson, te ves fatal, ¿te volvió a subir la fiebre?

Ivana intentó jalar a su madre. —Mamá, déjalo, solo le estaba dando unos fideos para que engañara el estómago por un rato.

El hombre en la cama miró los fideos de reojo y dijo con tono comprensivo: —No te preocupes, yo me como lo que Ivana me dé. Al fin y al cabo, debe venir cansada de andar de compras; no quería que se agotara cocinando, así que pensé que cualquier cosa estaría bien, cof, cof...

Mientras hablaba, su tos se volvía más dramática, luciendo completamente pálido y sin fuerzas.

Mariana se giró y fulminó a Ivana con la mirada. —¿Y me vas a decir que te cansas mucho yendo de compras? ¿Es necesario que le des esta comida chatarra?

Dicho esto, apartó los fideos de inmediato y comenzó a sacar los platos de comida casera que había traído, acomodándolos frente a Nelson.

—Lo que se te antoje, tú dime y te lo cocino, Nelson.

Ivana apretó los labios, miró al «Rey del Drama» en la cama, luego a su madre y terminó tragándose todas las palabras de protesta.

Nelson olió el delicioso aroma de la comida casera. La tensión en su rostro por fin desapareció, y al mirar a Mariana, añadió con voz lastimera:

—Mamá, no sabes, hace poco Ivana trajo un perro a casa y ahora se la pasa todo el día pegada a él.

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