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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 370

En realidad, Federico Ochoa había llegado desde hacía rato; pasó la tarde en su auto, observando a Ivana mientras ella calibraba su dron en un área despejada al aire libre.

A través del cristal, la había visto de pie junto al espacio abierto, manejando el control remoto, con una computadora portátil acomodada sobre unos escalones.

No llevaba ese rígido traje de oficina, sino un conjunto deportivo cómodo y sencillo.

Una vez que el dron despegó, la mirada de la mujer se volvió tan enfocada que parecía de hielo, mientras sus dedos tecleaban rápidamente.

En ese momento, irradiaba un aura que a Federico le resultaba difícil de describir.

Era como estar en el colegio cuando el profesor ponía en el pizarrón un problema de matemáticas complicadísimo que nadie lograba resolver por más que le daba vueltas a la cabeza, y de repente, una chica de al lado se levantaba y, con una facilidad pasmosa, escribía la solución perfecta frente a todos.

¡Era una sensación espontánea de admiración y respeto!

Federico hizo memoria y recordó que Nelson solía prestarle mucha atención a ese tipo de chicas durante su época de estudiante.

Una vez, cuando la alumna más inteligente del salón pasó por el pasillo abrazando sus libros, Nelson fingió atarse los zapatos y le puso el pie para hacerla tropezar, solo para llamar su atención.

Dicen que cuando los chicos crecen, buscan a alguien parecido a su madre para pasar el resto de sus vidas.

E Ivana tenía un gran parecido con Petrona Montenegro.

¡Tenía la misma actitud reservada, era brillante y, además, un tanto desafiante!

Antes, Federico no lograba entender por qué Nelson se había enamorado de Ivana si había tantas chicas detrás de él, pero ese día pareció comprenderlo de golpe.

¡Todo era culpa de los gustos de Nelson! ¡A ese chico le fascinaban las mujeres así desde el colegio!

Le dio vueltas a todas estas ideas sin sentido, pero fue solo un instante.

Federico observó a la mujer que tenía enfrente, quien lo miraba con desconfianza. Ladeó un poco la cabeza y le lanzó una invitación: "¡Vamos a comer juntos!".

Ivana entornó un poco los ojos. "¿Tienes algo que decirme?".

"¡Así es!".

Ivana lo pensó unos segundos. De todas formas, ya era la hora de cenar, así que asintió con la cabeza.

Ambos caminaron uno tras otro hacia el estacionamiento.

Federico tenía las piernas largas, pero caminaba sin prisa. Tenía el ceño levemente fruncido, como si estuviera meditando lo que iba a decir a continuación, y de manera casual sacó un cigarrillo de su bolsillo.

Antes de que pudieran subir al auto, el olor a humo le provocó dolor de cabeza a Ivana: "¿Podrías apagar ese cigarrillo primero? ¡El olor es insoportable!".

"¡Solo aguanta un poco!".

El tono despreocupado de Federico transmitía una frivolidad muy desagradable.

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