Pero no hacía falta preguntar para saber por qué estaba vigilando tan de cerca.
Por mucho que le molestara la situación, frente a su madre esbozó una sonrisa y le explicó: "Últimamente he estado muy ocupada con lo de mi título, y además tengo el trabajo, ¡así que no me queda mucho tiempo!".
"Mmm... como Nelson se preocupaba por mí, ¡mandó a un chofer exclusivamente para que me lleve y me traiga del trabajo!".
Su madre asintió con una gran sonrisa y dijo: "¡Qué bueno!".
Mariana era una mujer muy amable; se puso a platicar con Luis un rato, le preguntó de dónde era, le agradeció por cuidar a su hija y, en poco tiempo, volvió a centrar su atención en Ivana.
"¿Cómo va lo de tu título?".
Sin importar la ocasión, cada vez que se mencionaban los estudios de su hija, Mariana se ponía muy seria.
"No te preocupes, mamá. Por suerte, mi profesor me sugirió un concurso; ¡si logro ganar, seguro que resuelvo el problema de mi graduación!".
Al escuchar esto, su madre finalmente se relajó. Sabía que, si Ivana conseguía su título, eso sería un respaldo invaluable para el futuro, sin importar lo que pasara.
Además, su hija siempre había sido brillante en la escuela. Fue solo por una herida hace unos años que tuvo que ausentarse; ¡el título era más que merecido!
¡Tantos años de esfuerzo estudiando debían rendir frutos al fin!
El chofer iba caminando adelante y, cuando llegaron al coche, guardó todas las cosas en el baúl.
"Estar trabajando y preparándote para un concurso al mismo tiempo debe ser agotador. ¡Por favor, cuídate mucho! ¡Come a tus horas y trata de no desvelarte!".
"¡Descuida, mamá!".
Cuando Ivana se subió al auto, bajó la ventanilla a propósito: "¡Mamá, entra ya, hace mucho frío afuera!".
Su madre asintió con la cabeza, manteniendo las manos metidas en las mangas para calentarse.

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