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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 392

Todos los presentes se quedaron helados. Al voltear, se dieron cuenta de que quien estaba en la puerta era, en efecto, ¡Silverio Mayén!

—¡Sr. Mayén!

Gilda, esa experta causante de problemas, conocía el arte de victimizarse desde la cuna. Tomó la iniciativa de inmediato, sin darle a nadie más la oportunidad de hablar.

—¡Silverio, yo misma lo escuché en la puerta de la oficina! Alguien aquí está abusando de su poder para beneficiar a los suyos, ¡y le quitaron el cupo del concurso a Ivana de la forma más sucia!

—Ya me conoces, desde chiquita no soporto las injusticias. Como no podía quedarme callada ante semejante barbaridad, dije un par de verdades y encima me regañaron. ¡Soy una víctima inocente aquí!

El rostro del Director Lázaro palideció drásticamente. Corrió hacia Silverio y balbuceó: —¡Sr. Mayén, todo esto es un malentendido!

Silverio primero le lanzó una mirada fulminante a su hermana. —¡No me causes problemas!

Gilda regresó al lado de Ivana y se justificó: —Solo es que no tolero que Ivana sufra de acoso y desigualdad en su lugar de trabajo.

Silverio la miró de reojo, sacó su teléfono y buscó la lista de participantes que estaba a punto de ser enviada para el concurso.

Ivana también lo miró. Hoy llevaba un impecable traje azul marino, con un corte preciso y un tono discreto. A simple vista era un traje de negocios común.

Pero en él desprendía una elegancia innata, ese porte de joven de la alta sociedad que lo hacía magnético e imposible de ignorar.

—¡Lucía!

Al escuchar su nombre, Lucía se puso de pie de un salto. —¿Sí, Sr. Mayén?

Silverio la observó con una expresión relajada. —Tengo un poco de curiosidad. Tu área no es la ingeniería mecatrónica ni nada relacionado con el mundo de los drones, pero insistes en participar en este concurso. ¿Debo asumir que aprendiste programación en vivo de forma autodidacta? Vaya, nuestra empresa está llena de talentos ocultos. Ya que hoy tengo algo de tiempo libre, ¿qué tal si te pongo una prueba práctica aquí mismo?

Lucía se quedó helada. Instintivamente, miró al Director Lázaro, rogando por ayuda.

¡Pero el hombre le lanzó una mirada cortante, exigiéndole que cerrara la boca!

Silverio captó el intercambio de miradas entre ambos. Sonrió, sin querer alargar el castigo. —Como veo que ese es el caso, creo que es mejor que Lucía siga practicando un poco más. Otorguemos este cupo a alguien que esté mucho más capacitado.

Aunque no mencionó el nombre de Ivana directamente, su clara preferencia no dejó lugar a dudas.

El Director Lázaro asintió rápidamente, sudando frío. —¡Claro que sí, Sr. Mayén! ¡Este fue un completo error de mi parte!

Lucía se quedó de pie, muda, temblando por el pánico.

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