Yadira parpadeó y lo miró esperanzada.
—Con esto, supongo que ya me crees, ¿verdad?
Las pupilas de Adán se contrajeron. Él sabía perfectamente cuánto amaba Yadira a su hijo. Si era capaz de jurar por la vida de Jaime, entonces este asunto realmente no tenía nada que ver con ella.
¡Quizás él estaba siendo demasiado paranoico!
Finalmente, dejó escapar un suspiro de alivio.
—Lo siento, te juzgué mal.
Yadira se secó las lágrimas.
—No importa. Sé que tus intenciones eran buenas, ¡pero para la próxima no puedes hacerme esto! Si hasta tú dudas de mí de esta manera, ¡imagínate lo mucho que me duele!
Había un toque de timidez en su tono de voz.
Adán sintió un repentino cosquilleo en el pecho e inmediatamente giró la cabeza.
—¿Quieres pasar un rato?
—¡No hace falta!
Adán no volvió a mirarla y simplemente se dio la vuelta para marcharse.
No fue hasta que la figura del hombre desapareció por completo que la expresión de Yadira se relajó.
Ella sabía que, una vez más, había logrado engañarlo.
Con tan solo rogarle un poco, el corazón de él terminaría cediendo.
Ella estaba muy consciente de los sentimientos que Adán albergaba por ella desde sus años en la universidad.
¡El problema fue que la primera persona que apareció en su vida había sido Nelson!
Y desde entonces, ella nunca había dejado de aprovecharse de sus sentimientos.
«Lo siento mucho, Adán».
Con el peso fuera de sus hombros, su mente rápidamente volvió a llenarse de frustración.
Esa tal Ivana... ¿por qué era tan difícil de matar?
Ya no podía seguir esperando. Si no hubiera sido porque le prometió a Adán que se iría al extranjero, jamás habría soportado ver a Nelson y a Ivana viviendo felices y enamorados durante esos cuatro años.
Tenía que encontrar rápido otra manera de deshacerse de Ivana.
***
A la mañana siguiente.

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