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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 428

Al escuchar esto, Doña Daniela apenas frunció un poco el ceño.

—Eso fue solo un accidente. Es primavera y hay campesinos quemando maleza en las afueras. ¿Quién iba a saber que el viento soplaría tan fuerte y el fuego alcanzaría la fábrica?

—Me dijeron que ni siquiera la lastimaron. Ni le pusieron seguro a la puerta. ¡La iban a soltar en cuanto amaneciera! ¿Quién diría que tendría tan mala suerte?

—Además, al final Ivana está bien, ¿no es así? Y mírate a ti, haciendo un escándalo y mirándome con esa cara de furia por una pequeñez. ¡Qué falta de respeto!

La anciana habló con tanta ligereza que parecía que la vida o la muerte de Ivana fueran un asunto completamente irrelevante.

Nelson la miró y solo sintió un escalofrío helándole el alma.

Él sabía muy bien que a su abuela nunca le había caído bien Ivana. Sin embargo, pensó que, en el peor de los casos, la castigaría obligándola a pedir perdón de rodillas en la capilla familiar. Eso no hubiera sido tan grave.

Después de todo, a él lo castigaban así todo el tiempo cuando era niño.

¡Y luego de que se arrodillaba, a su abuela se le pasaba el enojo!

¡Pero jamás imaginó que ese tipo de castigos terminarían convirtiéndose en algo así!

¿Cómo era posible que no le importara en lo absoluto si Ivana vivía o moría?

—Abuela, ¿cómo pudiste hacer algo así?

La sonrisa en el rostro de Doña Daniela se borró por completo.

—¿Acaso no ves la tremenda humillación que nos hizo pasar? Si no le pongo un freno ahora, ¿en qué se va a convertir en el futuro?

Nelson comprendió de pronto que intentar razonar con su abuela era inútil. De un lado estaba la mujer que lo había criado; del otro, su propia esposa.

¿De parte de quién debía ponerse?

Al ver aquella expresión de dolor en la mirada de Nelson, Doña Daniela sintió un poco de lástima.

Se acercó a él e intentó acariciarle el cabello, igual que hacía cuando él era pequeño, pero Nelson se apartó por instinto.

Al notar su rechazo, Doña Daniela soltó un suspiro.

—¿Acaso no lo hice por tu bien? Esta vez fue solo un accidente. Te prometo que, de ahora en adelante, no volveré a actuar así.

Pero Nelson se dio la vuelta de golpe y, sin decir una sola palabra, se marchó a paso rápido.

Doña Daniela no tuvo más remedio que regresar a su escritorio para seguir escribiendo, aunque su mente ya estaba distraída.

Gisela entró a cambiar el incienso y, tras dudarlo un instante, le sugirió: —Doña Daniela, ¿y si va a pedirle disculpas usted misma?

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