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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 437

Al llegar la noche, Ivana dejó de trabajar para darle un respiro a su mente.

Terminó de cenar y subió a su habitación.

Se sentó en la cama y apoyó la tableta en su regazo. En la pantalla estaba Gilda, directamente desde su dormitorio universitario.

La conexión de la escuela no era la mejor y el video se trababa un poco, pero era suficiente para notar la furia en el rostro de su amiga.

—...¡Ivana, mírate la cara y el cuello! ¡Esos moretones todavía no han desaparecido! —exclamó Gilda, con el corazón encogido—. Si no tuviera tantas clases, ¡ya habría ido manejando a verte! ¿Ya vino el médico? ¡Deberías ir al hospital a que te hagan una radiografía, no vaya a ser que te quede alguna secuela!

Ivana se subió el cuello del pijama de forma casual para intentar cubrir aquellas terribles marcas violáceas.

—Tranquila, no pasa nada. Son solo golpes superficiales. Aparte de que me duele un poco el tobillo, estoy bien.

En ese momento, lo último que quería era acercarse a un hospital.

Gilda seguía bufando, indignada y frustrada.

—¡Ya te lo había dicho, Ivana! ¡Ese infeliz de Nelson no vale la pena! ¡Mira las cosas que hace!

—No solo se pasea con su exnovia a la vista de todos, sino que encima es un controlador paranoico. Si ustedes dos hicieran cada uno su vida, al menos sería soportable, ¡pero el muy cínico no te deja respirar!

—Y lo que pasó esta vez es el colmo. Te dije que no tenías por qué rendirle cuentas a su abuela, ¿y qué pasa? ¿Dejar que te encierren en el sótano como castigo? ¡Yo les habría destrozado el lugar!

—Y para rematar, su abuela casi te mata esta vez y él se esconde como un cobarde, sin decir ni media palabra. ¿Qué se cree que eres? ¿Una estúpida a la que puede manejar a su antojo?

A través del video, Gilda hablaba cada vez más alterada. Su frustración traspasaba la pantalla.

—¡Tiene un carácter de los mil demonios y te aplica la ley del hielo a la menor provocación! Tiene que esperar a que tú le pidas el divorcio para ponerse a actuar como el marido arrepentido.

—¡Es un cobarde! ¿Para qué sigues con él? ¿Para invitarlo a la cena de Navidad? Desde el principio nunca confió en ti ni te amó. ¡Tú eres demasiado compasiva, y por eso se aprovecha!

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