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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 493

Ivana abrió los ojos de par en par. ¡Quiso esquivarlo, pero la velocidad del vehículo era abrumadora!

Sintió que su cuerpo salía volando por los aires como si fuera una pelota. El mundo giró a su alrededor.

Un zumbido ensordecedor inundó sus oídos y, de repente, dejó de sentir todo.

Por supuesto, no llegó a ver cómo la sangre brotaba bajo su cuerpo, tiñendo el suelo de rojo carmesí.

El estacionamiento subterráneo, normalmente poco transitado, parecía inusualmente vacío y silencioso en ese momento.

Tras el impacto, las luces intermitentes de emergencia del auto se encendieron solas, parpadeando con un brillo inquietante que helaba la sangre.

Yadira estaba sentada en el asiento del conductor, temblando de pies a cabeza. Sus manos seguían aferradas al volante con una fuerza casi enfermiza.

¡Vio a Ivana tirada sobre un charco de sangre. ¡Ese rojo resultaba espeluznante!

Aquel instante pareció sacado de una pesadilla, y solo ahora comenzaba a recuperar la consciencia.

Yadira se asomó por la ventanilla. Ivana estaba ahí tendida, sin moverse en absoluto.

Con tanta sangre, era seguro que el bebé no sobreviviría, ¿verdad?

Las comisuras de sus labios comenzaron a esbozar una sonrisa, pero pronto, ¡un terror inmenso se apoderó de ella!

¡De verdad había atropellado a alguien!

¿Estaba... muerta?

Yadira sintió que su mente se quedaba en blanco. El corazón le latía a mil por hora, como si estuviera a punto de salírsele por la boca.

Acababa de matar a una persona. ¿Y ahora qué?

En medio de su desesperación, palpó su teléfono.

La pantalla se encendió y mostró más de diez llamadas perdidas. Todas eran de Mía Jiménez.

Desde la llamada interrumpida de la noche anterior, Mía había estado en un constante estado de tensión y ansiedad.

Conocía el carácter impulsivo de su hija. ¿Qué pasaría si cometía una locura?

Por eso, al ver que Yadira finalmente le devolvía la llamada, contestó de inmediato.

—¡Yadira, por fin contestas! Fui a tu casa hace un momento y no estabas. ¿Dónde te metiste?

La voz de Yadira estaba quebrada por el llanto: —Mamá... atropellé a alguien... Atropellé a Ivana... Hay muchísima sangre... y no se mueve... ¿Qué hago? ¿La habré matado? ¿Debería enterrar el cuerpo?

Del otro lado de la línea hubo un silencio absoluto.

Unos segundos después, Mía procesó lo que acababa de escuchar: —¿Me estás diciendo que atropellaste a Ivana? Eres una...

Yadira comenzó a sollozar y habló entrecortadamente: —Yo solo quería asustarla... ¡no creí que la atropellaría de verdad! ¿Qué voy a hacer? ¿Me meterán a la cárcel? ¡Mamá, tienes que ayudarme!

Mía sintió un mareo de tanta furia. Sin embargo, sabía que de nada servía regañarla en ese momento; lo más urgente era proteger a su hija.

—Yadira, ¿todavía estás en el lugar de los hechos?

Yadira asintió. —¡Sí! ¡Tengo mucho miedo, mamá!

—Escúchame bien. ¡Por nada del mundo te bajes del auto! ¡No vayas a revisar cómo está Ivana! ¡Y ni se te ocurra bajar la ventanilla!

La mente de Mía trabajaba a mil por hora. Su voz era cortante y decidida.

Capítulo 493 1

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