¿Recuperará su memoria?
Al escuchar eso, Nelson se quedó petrificado.
Esas tres palabras eran, paradójicamente, el objetivo por el cual había invertido una fortuna incalculable en financiar la investigación.
Pero ahora que lo escuchaba en voz alta, no sintió ni una pizca de felicidad en su pecho.
—Entiendo —dijo Nelson con la voz áspera—. Maestro, muchas gracias por todo su esfuerzo.
Gonzalo le dedicó una sonrisa paternal.
—No tienes que agradecerme nada. Ver que Ivana se recupere vale todo el esfuerzo. Prácticamente has vivido en el hospital todos estos días. Por fin vas a poder descansar.
—Mi equipo se encargará del resto de la investigación. Calculo que tardaremos un mes más. ¡Solo ten un poco más de paciencia!
Nelson sabía que su maestro tenía mucho trabajo por delante, así que no lo molestó más y salió de la oficina.
Cuando regresó a su despacho, se encontró en completa soledad.
Se dejó caer sobre la silla, cerró los ojos y, de inmediato, las imágenes de Ivana de los últimos días inundaron su mente.
Tras perder la memoria, su sonrisa se había vuelto tan radiante, tan pura y sin preocupaciones.
¡Hacía tanto tiempo que no la veía así de relajada!
Le sonreía genuinamente a él. ¡Confiaba en él!
Durante estas semanas, aunque todo estuviera construido sobre una mentira y una identidad falsa, Nelson había experimentado una calidez que jamás creyó posible.
Pero... ¿qué pasaría cuando recobrara sus recuerdos?
¿Volvería a sonreírle así?
¡Lo más probable era que no!
Nelson sintió un miedo paralizante.
En el instante en que ella recordara su pasado, toda la amargura, el odio y la frialdad regresarían de golpe.
¡O tal vez, solo sentiría repulsión por él!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Llegas tarde: el divorcio ya está firmado