La luz reveló el rostro demacrado de Yadira, y su voz sonaba entrecortada, como si fuera a llorar.
—Parece que va a llover estos días, Nelson. Siento que me duele mucho la pierna.
Nelson soltó a Ivana de inmediato.
Ivana, entendiendo la situación, se dio la vuelta y comenzó a caminar con la cabeza gacha, pero Nelson la detuvo para darle una breve instrucción:
—Aunque no tomaste tanto, al rato tómate algo para la gastritis, ¿sí?
Después, se fue con Yadira, adelantándose.
Ivana se quedó quieta. En cuanto los pasos se desvanecieron, salió corriendo de regreso al privado original.
Estaba preocupada por el dinero que le correspondía.
Pero al llegar, el cuarto estaba vacío. Todos se habían ido, y solo quedaban las pilas de dinero sobre la mesa; a nadie le había interesado tomarlo.
Ivana se quedó helada por un momento. Se acercó, guardó el dinero y las lágrimas que había estado conteniendo comenzaron a caer sin control.
Se abrazó a sí misma y se acuclilló en el suelo, llorando hasta quedarse sin aliento.
***
Al final de su turno por la noche, Ivana se sentía un poco mareada y salió más tarde de lo habitual.
Al ver que el metro ya había cerrado, tomó un taxi de regreso a Valle de Ónix.
La tarifa del taxi era muy cara, pero por suerte acababa de ganar varias decenas de miles de pesos esa noche, así que no le dolió tanto.
Sin embargo, el poco alcohol que bebió esa noche tenía un efecto retardado bastante fuerte y la dejó mareada.
Aunque su mente estaba clara, sus sentidos se habían embotado.
Después de encender la luz, entró a la casa tambaleándose un poco.
Ya se había familiarizado con la distribución de la casa en esos días, pero de repente tropezó con algo: la silla que Gilda acababa de comprar.
Sintió que perdía el equilibrio y caía hacia adelante. Estaba a nada de darse un madrazo contra el suelo.
Nelson se acercó y le apartó el cabello de la sien para revisar. Efectivamente, un lado de su cara seguía hinchado.
Tenía la piel sensible, de esas que guardan memoria; cualquier arrebato se le quedaba marcado hasta el día siguiente.
Nelson tomó la pomada de la mesita, untó un poco en su dedo y la aplicó en la mejilla hinchada de Ivana.
—¡Ay!
Ivana contuvo el aliento por el dolor y levantó la vista hacia él.
El hombre tenía el ceño ligeramente fruncido, y su mirada revelaba una concentración y una ternura inusuales, como si hubieran vuelto al pasado.
La punta de su dedo, tibia, le fue extendiendo la pomada con una paciencia que descolocaba. No sabía si era el alcohol que le había adormecido los nervios, pero el corazón de Ivana de repente se ablandó.
Justo cuando su voluntad flaqueaba, lo escuchó hablar de repente:
—Deja de incitar a otros a meterse con Yadira. Su estatus siempre fue un secreto, su padre nunca fue a una junta de padres y por eso es muy sensible a palabras como ‘bastarda’. Conozco su historia contigo, pero eso ya pasó. ¡Después de todo, son hermanas!
Por su tono, parecía que intentaba mediar en la relación de las dos, pero Ivana se puso de pie de golpe y lo miró como se mira a alguien que te acaba de pisar una herida: sin calor, sin permiso, sin vuelta atrás.

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