Alana ingreso en la universidad, con una sonrisa tan grande que casi no le cabía en el rostro, en el fondo le parecía ridículo que el estar allí, rodeada de humanos, le pareciera agradable, pero como le había dicho la reina luna, era el mejor lugar para estudiar para alguien como ella. ¿y que tenía Alana de especial o mejor dicho diferente? Que aun a sus 18 años, su espíritu de loba, no se hacía presente, cuando lo normal era que el cambio fuera al cumplir los 16 años, esa pequeña diferencia, ese gran defecto, era el responsable que la joven viviera un calvario en su manada.
— Todo estará bien, ya lo veras, hermosa Alana.
Eso fue lo que le dijo la luna Lina, el día que la llevo a la mansión del rey Alpha, le aseguro que ellos la cuidarían y así fue, al menos por un tiempo, pero la luna Lina y el Alpha Lucio, no podían estar al pendiente de la joven, casi humana, casi loba, a decir verdad, no existía palabra para describir a Alana; muchos en su manada se dirigían a ella como la maldita, la defectuosa, pues lo que todos sabían era que ella no era normal, en comparación a todo su pueblo, era débil, en comparación a los humanos no lo sabía.
— Hola, soy Benjamín, estoy en segundo año de abogacía y seré su guía hoy. — el humano la saco de sus cavilaciones, y solo entonces se dio cuenta que no estaba sola en aquel pasillo, a su alrededor había muchas más personas, de las cuales, nadie la veía mal, eso le gusto, se sentía bien entre los humanos.
Un año le fue más que suficiente a la joven pelirroja, para descubrir que encajaba a la perfección con los humanos, incluso llego a pensar que era uno de ellos, pues con el correr de los días, comenzó a notar ciertas similitudes entre sus amigos y ella, como, por ejemplo, que eran débiles al alcohol, y a los golpes en general, aunque aún se sentía diferente, tal vez se lo habían repetido tantas veces que aun entre mortales, se sentía menos.
— Aquí tienes tus tampones, aun me cuesta creer que no salgas con ellos cuando sabes que estarás en tus días. — Gala le paso por debajo de la puerta del baño la pequeña caja y Alana lo agradeció, la joven castaña era tan simpática y buena como Benjamín, aunque mucho más charlatana que el rubio.
— Es que… no soy normal. — susurro, aun luego de seis meses lejos de la manada, le costaba hablar sin temor a ser golpeada o humillada, más aún, cuando dejaba en claro cuan diferente a las lobas era.
— ¿A qué te refieres con eso? — indago Gala, cuando la joven salió del baño y comenzó a lavar sus manos.
— Yo… mi periodo no es normal, a veces paso meses sin el. — sus mejillas enrojecieron, con vergüenza, no por hablar del periodo, Alana estaba esperando la burla de su amiga, como pasaba en la manada, pues no solo no tenía a su loba, no tenía un periodo mensual y eso ponía en duda incluso que en un futuro pudiera ser madre, ¿Cómo contribuiría a la manada, si no podía dar ni siquiera integrantes? Aunque si debía ser honesta, sin su loba, jamás encontraría a su mate y eso le causaba aún más dolor, la soledad en algunas ocasiones la hacía pensar cosas raras.
— Eso se llama ser irregular, no anormal, Alana, Alana, aun me pregunto que, pasa por tu cabeza para hacer un drama de todo.
Gala, zanjo el tema y a Alana se le despertó la curiosidad, luego de unos días de investigación, descubrió que algunas humanas, sufrían de irregularidades hormonales, cada vez estaba más convencida que ella era una humana, eran tantas las similitudes, fue eso lo que la lleno de coraje una noche, ya hacía un año que estaba en la universidad, solo en unos días, debería regresar a la manada y mientras todos estaban felices por las vacaciones, ese no era su caso obviamente, fue eso lo que la llevo a realizar esa llamada, marco el número del que una vez fue su hogar y nerviosa espero.
— Residencia Leroy. — la voz de la empleada la reconocería sin importar los años que llevaba fuera de aquel lugar.
— Sandra, pásame a mi madre, por favor. — odiaba a esa loba, pero no por eso sería borde, después de todo, la habían criado bien, al menos hasta los 16 años, aunque luego la echaron como si fuera un demonio o algo por el estilo, si no fuera por la luna Lina, Alana estaba segura de que hubiera muerto al no saber valerse por sí misma.
— La señora Leroy no tiene hijas. — aseguro la empleada y las tripas de Alana se estrujaron.
— En ese caso, pon a tu jefa al teléfono, por favor. — sus ojos se empañaron, hacía casi tres años que no escuchaba a su madre, desde que la lanzo fuera de su hogar.

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