Actualidad.
— Lina, ¿qué es lo que sucede? — pregunto Lucio, aun un poco aturdido ante la orden que su luna había dado, sus hijos llevaban desde los 16 años buscando su compañera, la anhelaban, y la condición que Lina había dado, para poder ser el rey de los lobos, solo los estresaría aún más y un animal estresado es un animal peligroso.
— Lo comprendí, al fin después de tanto tiempo, la luna me mostro en sueños lo que era incapaz de ver. — Lucio solo podía agradecer que su luna al fin estaba de pie, luego de un año de permanecer en cama, por fin su luna mostraba no solo estar mejor, ella se veía radiante.
— ¿Era eso lo que te mantenía enferma? — consulto acariciando su rostro, para los lobos, su compañera lo era todo.
— Lo era mi Alpha, tú me amas y yo te amo, pero tu buscas en nuestros hijos al próximo rey, y yo busco su felicidad, si ellos no cambian, tu legado acabara mi Alpha, se destruirán y a todos nosotros con ellos. — no dudaría de lo que su compañera decía, la conocía, era poderosa, aún más que él.
— ¿Qué debemos hacer? — consulto con miedo a un futuro incierto.
— Rezar mi Alpha, rezar para que su compañera pueda unirlos.
— ¿Compañera?
— Sí, solo una, para los tres, así como solo será un reino el que deban dirigir los tres, te lo dije Lucio, lo raro, no siempre es malo.
Alana estaba durmiendo en el establo, ese era el lugar al que las demás empleadas la enviaban cuando los reyes no estaban y ella… solo acataba la orden, sin decir nada, no queria causarle problemas a Lina, no después de haberla acogido en la mansión y aunque Lucio le aseguro que podía quedarse como una huésped, Alana no lo acepto, no queria abusar de la buena voluntad de sus reyes, por lo que pidió ser una empleada, algo que no fue bien acogido por los demás y es que no solo era un ser defectuoso para cada persona de la manada, los celos de los empleados al ver como la trataba la luna Lina, era lo que más problemas le traía, estaba sola, contra todos y eso no era bueno, claro que no.
— Alana. — la voz del Alpha Edur la hizo abrir los ojos, pensó por un segundo que estaba soñando ¿Qué haría el de ojos verdes allí? — Alana. — canturrio dejando ver en su voz un tono diferente.
— ¿Alpha Edur? — consulto la joven al tiempo que salía de entre la paja y sacudía su ropa.
— Linda, Alana, ¿Qué haces aquí? — la pelirroja quedo unos segundos en silencio, Edur nunca hablaba con ella, la ignoraba como sus hermanos, pero ahora, no solo estaba allí, sino que también le había dicho linda.
— ¿Que? — susurro aun descolocada ante lo que veía, y es que Edur se notaba raro, su cabello estaba desordenado, sus pupilas estaban dilatadas y su rostro. — Alpha Edur, tiene un dibujo en su cara. — dijo sorprendida, se había tatuado, uno de los posibles reyes había decorado su rostro, algo que despertó la curiosidad de la joven.
— Sí, era necesario para hacerme cargo de redomón. — respondió con voz quedada viéndola desde la punta de los pies, hasta la punta del cabello, siempre le había parecido hermosa, pero Edur respetaría a su compañera, ese siempre fue su pensamiento, mantenerse puro para ella, pero ahora, luego de tomar su lugar en la mafia y consumir un poco de lo que le vendían a los humanos para destruirse, las ganas de ver a Alana lo desbordaban.
— Ah, ¿felicidades? — rebatió dudosa, aun preguntándose que hacia ese Alpha allí.
— No Alana, así no se celebra tan magnifica distinción.
— ¿Cómo? — a Alana le estaba costando seguirle el ritmo a los dichos de uno de sus Alphas, y es que estaba cansada, hacia una semana que los reyes no estaban y su vida era un infierno.
— Ven aquí, te mostrare como debes felicitarme por ser mejor que mis hermanos.
La joven brinco de su cama y Gala la observo sorprendida, estaba toda sudada y su rostro estaba pálido.
— ¿Todo bien Alana?
— Si… es solo, un mal sueño. — aseguro tratando de calmar su corazón.
— Bien, creo que deberías darte un baño, Benjamín pasara pronto por nosotras. — solo asintió, no queria pensar en que regresaría a la manada, aunque estaba segura de que no vería a Edur, aun así, estaba Otto, no pudo evitar estremecerse ante esa verdad.
— ¿Segura que estas bien Alana? — Gala sentía la necesidad de cuidarla, como si fuera una hermana menor.


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