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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 1066

Junto al anciano se encontraba una mujer con los ojos rojos e hinchados; por su vestimenta, era evidente que se trataba de la empleada doméstica de la casa.

Aunque rondaba los cuarenta o cincuenta años, se conservaba bastante bien, lo que explicaba cómo había logrado meterse en la cama del patriarca.

—Señor, ya no diga más. A Camila le basta con poder estar a su lado, no quiero que se pelee con su hijo y la señora por mi culpa.

Al escuchar esto, Don Noé la tomó de la mano y le prometió:

—Camila, tranquila. A partir de hoy eres mi esposa y voy a responder por ti. Esa boda se hace porque se hace.

Todos se quedaron mudos.

Israel miró al techo y se golpeó la frente con la palma de la mano, exasperado.

¡Ay, Dios santísimo! Ya no aguantaba más.

Almendra se acercó con su maletín médico, pero antes de llegar, Don Noé la fulminó con la mirada:

—¿Quién te dijo que vinieras? ¡Vete! ¡Estoy perfectamente de salud, no necesito que me revisen!

Almendra arqueó una ceja.

—Solo voy a tomarle el pulso para ver cómo anda su ritmo cardiaco. Si hace falta, le receto algo para fortalecerlo. ¿No dice que se va a casar? Si no se trata y agarra fuerzas, ¿cómo piensa hacer feliz a su mujer?

¡Todos abrieron los ojos como platos!

Israel se quedó boquiabierto. «Qué chingona», pensó.

Don Noé y Camila también se quedaron pasmados.

No esperaban que una jovencita soltara un comentario tan descarado con esa naturalidad.

Almendra colocó el maletín sobre la mesa junto al anciano. Don Noé replicó de inmediato:

—¡Yo sé perfectamente cómo está mi cuerpo!

Y añadió, mirando a la mujer a su lado:

—Y Camila también lo sabe.

Camila se puso roja como un tomate y bajó la cabeza.

El silencio incómodo se apoderó de la sala. ¡Qué vergüenza!

Almendra soltó un simple «ah» y continuó:

—Pero el problema es que nadie más le cree. Soy doctora, déjeme checar si su pulso es fuerte. Si de verdad no tiene nada, se lo diré a todos y así se quedarán tranquilos. De paso, dejan de insistir con que vea a un médico.

Noé pareció dudar.

—Es su oportunidad para demostrarles a todos que está como un roble —añadió Almendra.

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