Ir al Concurso Médico Internacional para representar al país era una oportunidad de oro para lucirse. Antiguos alumnos que brillaron en ese concurso ahora ocupaban puestos importantes en el sector salud nacional.
Por eso todos se peleaban por ir.
Natalia comentó: —Dicen que la escuela solo tiene tres lugares. ¿No es muy poquito? Digo, somos la Universidad Médica La Concordia, ¿no?
Aurora respondió: —El equipo nacional tiene diez lugares en total. ¿Qué escuela no quiere que sus alumnos vayan a lucirse? A Medicina de La Concordia siempre le tocan tres.
—Pero dicen que casi siempre escogen a los de último año. Con el nivel que tiene Almendra, sería una pérdida para la escuela si no va. Pero esa Regina apenas va en segundo, ¿qué pitos toca ahí?
Como los de tercero estaban por graduarse, sabían más que los de grados inferiores, así que lo normal era elegirlos a ellos.
Aurora soltó una risita: —Pues porque su abuelo es el vicerrector de la universidad.
Almendra escuchaba sin darle mucha importancia cuando sonó su celular. Vio que era Lautaro.
Al contestar, la voz de Lautaro se escuchó del otro lado: —Mi niña, los profesores de la escuela te han recomendado para el Concurso Médico Internacional, pero tu salud...
Como Almendra había arrasado en el concurso académico, al decidir los lugares para el internacional, los profesores pensaron en ella de inmediato.
Pero nadie conocía el estado de salud de Almendra excepto Lautaro.
Tenía miedo de que el cuerpo de Almendra no aguantara.
—No hay problema, puedo ir.
A Almendra le encantaba ir al extranjero a cerrarles la boca a los que miraban por encima del hombro a la gente de Nueva Córdoba.
—Está bien, pero tienes que descansar y cuidarte mucho.
—Sí, pierde cuidado.
Al colgar, Natalia y Aurora miraban a Almendra con emoción.
Aunque no escucharon bien la conversación, por lo que dijo Almendra, dedujeron que iría al concurso.
—Almendra, ¿te eligieron para el internacional?


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