Gilberto lo pensó un momento y añadió:
—Si de plano no estás tranquilo, regrésate tú primero. En cuanto termine de desarrollar el antídoto, te alcanzo.
Sombra coincidió:
—Sí, si tanta inseguridad tienes, corre de vuelta. Aquí Gilberto y yo nos encargamos.
Fabián soltó una risa sarcástica.
—¡Regresaré con el antídoto en la mano!
Si se iba ahora, todos pensarían que le tuvo miedo a Santiago.
¡Ni lo sueñen!
En el corazón de Alme solo existía él.
***
Almendra no tenía idea de todo el alboroto que había causado el simple hecho de que Santiago la siguiera una vez.
Sin embargo, estaba muy contenta por el ascenso de su tío a Secretario de Relaciones Exteriores.
Frida la llamó para decirle que el fin de semana irían a felicitarlo, y de paso quería que Almendra revisara la salud de sus abuelos.
Los señores ya estaban grandes y algo achacosos; Almendra había querido revisarlos antes, pero no se había dado la oportunidad.
Esa noche, Almendra recibió un mensaje de Fausto, el Secretario General del Departamento de Inspección:
[Directora Almendra, mañana por la noche hay una pequeña misión. ¿Tiene tiempo?]
Almendra pensó un momento y respondió:
[Sí, está bien. De hecho, tengo unos documentos que entregarte.]
Por otro lado, Betina también se enteró del ascenso de Dante y de que el fin de semana irían a casa de los Tapia a celebrar. Inmediatamente se le subieron los humos.
Sus compañeras de cuarto, al verla tan feliz, le preguntaron:
—Betina, ¿qué pasa? ¿Por qué tan contenta? ¿A poco tu novio va a venir por ti a la facultad el fin de semana?
La sonrisa de Betina se congeló un instante.
Viviana pensó que había metido la pata y preguntó con cautela:
Su abuelo ya había dicho que, aunque reconocieran a Almendra como la verdadera hija de los Reyes, ella quedaría como la hermana gemela de Almendra. Jum.
Cuando eso pasara, podría decirle a todo el mundo que Almendra había regresado solo para robarle a Fabián.
La noche siguiente, Almendra salió de la universidad vestida discretamente de negro.
Fue al estacionamiento y condujo hacia su destino.
Apenas arrancó, notó que alguien la seguía.
Entornó los ojos. ¡Qué molestos!
Sin embargo, el perseguidor estaba bien entrenado y a esa hora el tráfico en la ciudad era una pesadilla. Así que decidió no perder tiempo tratando de despistarlo; mejor vería quién era el valiente.
Tardó cerca de media hora en llegar al Hotel Real y Noble.
Fausto le había mandado esa ubicación específica. Curiosamente, era el hotel de Fabián, una coincidencia inevitable dada su fama en la ciudad.
Al bajar del coche, escuchó una voz desconocida, pero con un toque familiar, a sus espaldas:
—Señorita Almendra, qué coincidencia.

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