¿Se habrían equivocado de puerta?
Si no se habían equivocado, entonces estaban en graves problemas.
Ver a Dante no sorprendió tanto a Santiago, después de todo, era el tío de Almendra.
Pero ver a Elio Bonilla… sintió un mal presentimiento de inmediato.
Quiso darse la vuelta e irse, pero ya era demasiado tarde.
Almendra no había preguntado mucho antes de ir; Fausto solo le dijo que esa noche iban a investigar los antecedentes de unos funcionarios, y ella asistió.
Jamás imaginó que… ¿el investigado sería su propio tío?
Rio para sus adentros. Esto se ponía cada vez mejor.
Fausto tenía la boca abierta, mirando a Almendra; faltaba poco para que le pusiera un altar y le dijera «jefa, es usted una bárbara».
Esa mujer siempre lograba sorprenderlo.
Dante, como tío de Almendra, no pudo aguantarse, se levantó de su asiento y rompió el silencio.
—Alme, ¿qué haces aquí? ¿Y por qué vienes con él? —Dante evitó mencionar el rango de Santiago.
Las paredes oyen, y la reunión con el Director Bonilla era un asunto oficial y confidencial.
Elio tampoco pudo quedarse sentado y se levantó:
—Alme, ¿no crees que nos debes una explicación sobre tu relación con ellos?
Se refería, claro, a Dante y a Santiago.
Santiago entrecerró los ojos y miró a Almendra:
—Resulta que la invitación de la señorita Almendra era una encerrona.
Almendra cerró la puerta y soltó una risita inocente.
Miró a todos y se presentó:
—Permítanme presentarme: Almendra, actual Directora Especial del Departamento de Inspección.
¡La revelación cayó como una bomba! Dante casi se va de espaldas.
Santiago abrió los ojos desmesuradamente.
Solo Elio seguía impaciente:
—No te pedí que presumieras el puesto, ¡explica tu relación con estas dos familias!

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