Al ver al abuelo, Betina sintió que recuperaba el respaldo que necesitaba y dijo entre sollozos:
—Abuelo, terminé con Mateo. Papá y mamá... creo que piensan que estoy siendo caprichosa.
Yago soltó un bufido y golpeó con fuerza el brazo de la silla de ruedas.
—¿Caprichosa? ¡Yo digo que ese tal Mateo no sabe valorar a nuestra Betina! ¿Quién es Betina? Es la hija de la familia Reyes, la familia más rica. Tiene talento y belleza. Mateo no es más que un heredero del Grupo Pizarro; en términos de activos, no llega ni a un tercio de lo que tienen los Reyes. ¿Cómo se atreve a pensar que está a la altura de nuestra niña?
Betina, sintiéndose protegida, corrió al lado de Yago y lloró en voz baja:
—Abuelo, de verdad me esforcé, pero simplemente no somos compatibles.
Yago miró a Betina con ternura y luego lanzó una mirada afilada a Frida y Simón.
—¿Ustedes se han preocupado alguna vez por lo que siente Betina? Una relación es cosa de dos. Betina hizo lo correcto; si no funciona, se termina. ¡Las hijas de la familia Reyes no tienen por qué conformarse!
Frida suspiró con resignación.
—Papá, no es que no la dejemos terminar, solo queríamos que lo pensara bien para que no se arrepienta en el futuro.
Al oír esto, Betina levantó la cabeza y miró a sus padres con determinación y terquedad.
—Papá, mamá, tranquilos. ¡Les aseguro que no me voy a arrepentir!
Frida y Simón no tuvieron más remedio que asentir.
—Está bien, si estás segura, adelante.
Cuando Betina quiso estar con Mateo, fueron ellos quienes le pidieron que lo pensara, y fue ella quien les rogó que aceptaran. Accedieron porque Mateo parecía un buen muchacho y se notaba que la quería de verdad. Pero ahora... bueno, al final sentían pena por Mateo.
Frida pensó que buscaría el momento adecuado para llamar a Mateo y consolarlo.
Almendra había subido a su habitación en cuanto llegó, así que no sabía lo que pasaba abajo.
Más tarde, Helena subió a llamarla para cenar y le contó el chisme: Betina y Mateo habían terminado.
Cuando Helena salió, Almendra entrecerró los ojos.
Betina sentía que, ahora que tenía el respaldo del abuelo, sus padres no podrían echarla de la familia Reyes, así que ya no necesitaba a Mateo como novio trofeo para aparentar.
Almendra se arregló un poco y bajó las escaleras para salir.
Betina ya se había enterado por Helena de que Almendra no cenaría en casa. Al verla a punto de salir, no pudo contenerse:
—Hermana, ¿ya regresó mi cuñado? ¿Vas a cenar con él?
En realidad, Betina sabía que Fabián no había vuelto. Preguntaba eso para sembrar dudas sobre los motivos de la salida de Almendra. Para Betina, si Almendra salía, seguro no era para nada bueno.
Almendra se detuvo y la miró con intención.
—¿Tú crees que no sabría si él hubiera regresado?

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