Almendra miró con atención y sonrió. Eran Lorena y Estela, igualmente arregladas y deslumbrantes. No esperaba que Estela tuviera relación con ellas.
—¡Arturo! —Isidora, subida en sus tacones de diez centímetros, se acercó rápidamente y los miró con recelo—. Arturo, ¿qué haces con ella?
Isidora había intentado invitar a Arturo esa misma noche, pero él le dijo que ya tenía un compromiso. Tuvo que indagar sutilmente para averiguar que estaba allí, ¡pero jamás imaginó que la cita era con Almendra!
¡Esa Almendra era insoportable! ¡Estaba en todas partes!
Arturo era el hombre que ella deseaba. Era casi imposible conseguir que saliera con ella, y ahora lo veía riendo y cenando con Almendra. Arturo, al ver la actitud agresiva de Isidora, frunció el ceño casi imperceptiblemente. Sus ojos mostraron desagrado, pero por educación se puso de pie.
—Señorita Vargas, ¿qué hace aquí?
Isidora caminó hasta quedar junto a Arturo, bloqueando deliberadamente la vista de Almendra con su cuerpo, y dijo con tono meloso:
—Arturo, vine a cenar con unas amigas y, casualmente, te vi.
De reojo miró a Almendra y soltó una risa despectiva.
—¿Pero no es esta Almendra? Arturo, ¿desde cuándo la conoces?
Arturo no esperaba que Isidora fuera tan grosera con Almendra, así que endureció la voz:
—Señorita Vargas, la señorita Almendra es mi invitada. Le pido que sea respetuosa.
En realidad, Arturo e Isidora no eran cercanos. Se habían conocido en una cena médica y luego ella dijo tener dudas académicas para pedirle su WhatsApp. Él la había ayudado un par de veces, y desde entonces Isidora lo perseguía llamándolo «Arturo» con demasiada confianza. Era algo que lo tenía harto.

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