Betina, vestida con elegancia y llevando un regalo en las manos, cruzó la puerta.
Una sonrisa de orgullo se dibujaba en sus labios.
Ser la hija del hombre más rico tenía sus ventajas.
Esa era la razón por la que no quería que se supiera su verdadero origen.
Si la gente supiera que ella era la hija falsa de los Reyes, ¿la tratarían con tanto respeto?
La respuesta era obvia: ¡No!
Apenas entró, escuchó que alguien la llamaba a sus espaldas:
—¿Señorita Betina?
Betina se giró con curiosidad y vio a dos chicas de su edad que entraban juntas.
Una de ellas le resultaba familiar, pero no lograba ubicarla.
—Tú eres...
Regina, con cara de emoción, respondió:
—Hola, soy Regina, de la Universidad Médica La Concordia. Señorita Betina, no esperaba encontrarla aquí, qué coincidencia.
Regina había sido invitada por Estela y venía acompañada de su inseparabla amiga Renata.
No esperaban toparse con Betina justo en la entrada.
¿Quién era Betina?
¡La hermana de Gilberto!
Regina llevaba tiempo queriendo conocer a Betina, pero nunca había tenido la oportunidad.
Si lograba hacerse amiga de ella, acercarse a Gilberto sería pan comido.
Al escuchar el nombre, Betina recordó de golpe.
¿No era Regina la que siempre competía con Almendra en el foro de la universidad y trataba de manchar su imagen?
Era... ¡una aliada!

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