—Tenemos miedo de que algo salga mal en la competencia.
El profesor Correa añadió: —Así es. En nuestro hotel también se hospedan participantes de otros países, y por lo que escuchamos... la competencia de este año va a estar muy reñida.
El profesor Aranda puso cara seria: —Además, nos enteramos de que la mayoría de los estudiantes extranjeros dominan el uso de robots para diagnóstico y cirugía. Si el examen de este año se enfoca en eso, nuestros alumnos...
Al ver el tono de ambos, Almendra frunció el ceño: —¿No les dije que pusieran a los alumnos a estudiar cirugía robótica?
El profesor Aranda suspiró resignado: —Se los repetimos mil veces, pero ellos... parece que no le dieron importancia. No lo estudiaron a fondo.
Almendra recordó de inmediato la actitud de Estela y Regina hacia ella.
Resulta que, como la sugerencia vino de ella y le tienen mala voluntad, decidieron no esforzarse en la cirugía robótica solo por llevar la contraria.
—Bueno, ya no tiene caso llorar sobre la leche derramada. Díganles que ajusten su mentalidad y que hagan lo que saben hacer.
»Sin embargo, adviértanles que la competencia internacional es brutal. No va a ser tan fácil y relajada como se imaginan.
Al escuchar a Almendra, la expresión de los dos se volvió más grave.
Ahora se arrepentían mucho de no haberlos obligado a estudiar la cirugía robótica.
—Entonces, Almendra, si mañana el examen realmente trata sobre...
Almendra asintió: —Tranquilos. Yo me encargo de todo.
Con esa frase de Almendra, los profesores sintieron que les regresaba el alma al cuerpo.
¡Mientras Almendra estuviera ahí, Nueva Córdoba no perdería!
En cuanto regresaron a su hotel, convocaron de inmediato a todos los participantes a una reunión.
Al oír esto, los de las otras escuelas entraron en pánico.
¿En serio?
Pero ellos solo sabían lo básico, ¿qué iban a hacer?
Si realmente les pedían operar con un robot, ¡no iban a poder hacerlo!
Estela y Regina también se asustaron por un momento, pero enseguida empezaron a autoengañarse.
—Hoy en día, en nuestro país casi no hay casos de cirugía robótica, y en el extranjero son pocos. Yo creo que este año no van a preguntar eso —insistió Estela con terquedad.
Regina opinó igual: —Yo creo que tal vez lo pongan en un par de años, no ahora.
El profesor Aranda frunció el ceño: —Venga o no venga en el examen, aprovechen el tiempo que queda para repasarlo, por si las dudas.

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