De pronto, se puso tensa.
Estaba a punto de dar la vuelta para bajar las escaleras, pero recordó la prudencia de Liliana Rosales.
Hoy acababa de ir a la comisaría. Si iba a ver esa cosa ahora mismo, ¿no sería peligroso?
¿Mejor esperaba un poco más?
Sí, mejor esperar.
***
Cuando Almendra Reyes terminó de capacitar a todos, ya eran las once de la noche.
Mañana tenían que levantarse temprano para la competencia, así que no podían desvelarse más. La falta de sueño afectaría su estado mental.
Cuando todos se retiraron, Almendra notó que tenía varias llamadas perdidas en su celular.
Era un número desconocido.
Justo cuando se preguntaba quién sería, el teléfono volvió a sonar.
Contestó al instante. Era Ethan, el examinador principal.
—Almendra, qué pena molestarte tan tarde.
Almendra respondió con tono tranquilo:
—No hay problema, ¿qué sucede?
Ethan no se anduvo con rodeos:
—Mira, hemos recibido una carta anónima denunciándote por hacer trampa en el examen.
»Además, el remitente reveló mucha información sobre tus actividades en la escuela. Ante tal situación, y hasta que no se aclare el asunto, las reglas dictan que debemos suspender tu participación para mañana.
Fabián Ortega estaba junto a Almendra. Al escuchar aquello, su mirada se ensombreció, cargada de una frialdad peligrosa.
¿Denunciar a su Alme?
¿Y revelaron información sobre ella en la escuela?
Eso significaba que el denunciante era de Nueva Córdoba, y además, alguien cercano a Almendra que la conocía bien.
Por eso los organizadores debían verificar la veracidad de los hechos.
La voz de Almendra se tornó gélida:


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