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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 1256

Fabián arqueó una ceja.

Esos estudiantes extranjeros solían ser muy arrogantes, quién iba a decir que ahora... Almendra los tendría tan dominados.

Cuando Almendra se acercó, el profesor Correa y el profesor Aranda fueron a recibirla con una sonrisa inmediata.

—¡Almendra, estuviste increíble!

—¡Almendra, eres el orgullo de Nueva Córdoba!

Los dos estaban tan emocionados que no sabían qué más decir.

—¿A qué hora sale su vuelo? —preguntó Almendra.

—A las tres de la tarde. Almendra, tú... estem, ¿regresas con nosotros?

El profesor Correa quería preguntarle si se iba con ellos, pero al ver a Fabián esperando a un lado, supuso que ella no los acompañaría.

Y así fue. Almendra respondió:

—Ustedes regresen primero, yo tal vez vuelva en un par de días.

Tenía que buscar a Gilberto. Fabián le había dicho que el antídoto ya estaba casi listo.

El profesor Aranda asintió.

—Está bien, entonces nosotros nos regresamos en la tarde.

—De acuerdo.

Tras despedir a los profesores Correa y Aranda, Fabián atrajo a Almendra hacia sus brazos de un tirón.

—Ahora sí, ¿puedes dedicarme tiempo a mí?

Fabián realmente no esperaba tener que hacer fila para que su prometida le hiciera caso.

Almendra asintió.

—Te acompaño a buscar a Gilberto.

Fabián se quedó en silencio.

Al ver la expresión de resignación y desconsuelo de Fabián, Almendra soltó una risa.

—Está bien, ¿a dónde quieres ir? Primero estoy contigo.

Fabián hizo una pausa y sugirió:

—¿Vamos a la playa a ver el mar?

Y ver el atardecer.

Luego, por la noche, llevarla a ver los fuegos artificiales.

Solo de pensarlo, le parecía muy romántico.

Almendra asintió.

—Vamos.

Fabián condujo personalmente, llevando a Almendra hacia la costa.

Fabián bajó la cabeza y besó sus labios con una mezcla de ternura y dominio.

Realmente deseaba que todos los días fueran así: abrazándola, besándola.

Cuando el beso terminó, Almendra le preguntó:

—¿A dónde más quieres ir?

Fabián pensó un momento y apoyó su frente contra la de ella.

—Te llevaré a ver los fuegos artificiales.

Hacía mucho que quería llevarla, pero no habían encontrado la oportunidad adecuada.

Almendra arqueó una ceja.

—Bien.

De camino a los fuegos artificiales, Fabián dejó que el guardaespaldas condujera, mientras él y Almendra iban en el asiento trasero, aprovechando para estar acaramelados.

De pronto, los vehículos que los seguían aceleraron, protegiendo el carro de Fabián en formación cerrada.

Fabián frunció el ceño.

—¿Qué pasa?

El guardaespaldas en el asiento delantero habló con tono serio:

—¡Jefe, hay problemas atrás!

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