Fabián arqueó una ceja.
Esos estudiantes extranjeros solían ser muy arrogantes, quién iba a decir que ahora... Almendra los tendría tan dominados.
Cuando Almendra se acercó, el profesor Correa y el profesor Aranda fueron a recibirla con una sonrisa inmediata.
—¡Almendra, estuviste increíble!
—¡Almendra, eres el orgullo de Nueva Córdoba!
Los dos estaban tan emocionados que no sabían qué más decir.
—¿A qué hora sale su vuelo? —preguntó Almendra.
—A las tres de la tarde. Almendra, tú... estem, ¿regresas con nosotros?
El profesor Correa quería preguntarle si se iba con ellos, pero al ver a Fabián esperando a un lado, supuso que ella no los acompañaría.
Y así fue. Almendra respondió:
—Ustedes regresen primero, yo tal vez vuelva en un par de días.
Tenía que buscar a Gilberto. Fabián le había dicho que el antídoto ya estaba casi listo.
El profesor Aranda asintió.
—Está bien, entonces nosotros nos regresamos en la tarde.
—De acuerdo.
Tras despedir a los profesores Correa y Aranda, Fabián atrajo a Almendra hacia sus brazos de un tirón.
—Ahora sí, ¿puedes dedicarme tiempo a mí?
Fabián realmente no esperaba tener que hacer fila para que su prometida le hiciera caso.
Almendra asintió.
—Te acompaño a buscar a Gilberto.
Fabián se quedó en silencio.
Al ver la expresión de resignación y desconsuelo de Fabián, Almendra soltó una risa.
—Está bien, ¿a dónde quieres ir? Primero estoy contigo.
Fabián hizo una pausa y sugirió:
—¿Vamos a la playa a ver el mar?
Y ver el atardecer.
Luego, por la noche, llevarla a ver los fuegos artificiales.
Solo de pensarlo, le parecía muy romántico.
Almendra asintió.
—Vamos.
Fabián condujo personalmente, llevando a Almendra hacia la costa.

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