Entrar Via

Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 1267

Los ojos de Fabián destellaron con asco.

—¿Qué quieres? —preguntó con voz gélida.

Betina se apresuró a decir:

—Escuché que mi hermana regresó y vine a verla.

Fabián frunció el ceño aún más, pero desde adentro se oyó la voz de Almendra:

—Pásale.

Para ser honesta, Betina se sorprendió. Pensó que Almendra no querría verla ni en pintura.

Fabián se hizo a un lado y Betina entró. Vio a Almendra sentada en el sofá pequeño, con el rostro vuelto hacia su dirección. Si no supiera de antemano que estaba ciega, jamás lo habría adivinado.

—Almendra, tus… tus ojos… ¿de verdad no puedes ver nada? —preguntó, acercándose y estirando el cuello para inspeccionarla de cerca.

Al confirmar que Almendra realmente no reaccionaba a sus gestos, no pudo evitar una satisfacción maliciosa.

—¿Te alegra? —preguntó Almendra de repente.

La cara de Betina se puso rígida. Hizo una pausa y bajó el tono, fingiendo tristeza:

—Hermana, ¿cómo crees? Verte así me parte el alma. No sabes lo mal que me siento.

—Puedo escuchar cómo te ríes por dentro —dijo Almendra.

Betina se quedó muda.

—Si quieres reírte, ríete. No te aguantes. Delante de mí no necesitas fingir.

Las palabras de Almendra dieron en el blanco, impidiendo que Betina siguiera con su actuación.

—Hermana…

—Llámame por mi nombre.

Betina apretó los dientes. Quería gritarle y soltarle todo su veneno, pero con Fabián ahí presente, tenía que mantener su imagen de niña buena. Solo pudo decir:

—Me voy a mi cuarto. Descansa.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada