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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 1289

Almendra curvó los labios en una sonrisa y asintió levemente:

—Sí.

Deseaba con toda su alma que en algún lugar del mundo existiera otra planta igual.

Fabián comió con ella al mediodía y volvió a subir al cerro.

Por suerte, para entonces la lluvia había cesado.

El Cerro La Corona de Plumas, tras el aguacero, estaba envuelto en niebla, dándole un aire místico y difuso.

Fabián avanzaba paso a paso, negándose a pasar por alto ni un solo centímetro de tierra.

Claudio y su gente lo seguían, buscando también con extrema atención.

Aunque Claudio ya había peinado la zona anteriormente, no se atrevía a ser negligente estando el jefe ahí.

La verdad era que no había rastro de la planta.

El viento húmedo de la montaña calaba los huesos, pero Fabián sentía una presión en el pecho que lo asfixiaba más que el frío.

Todo lo que veía era verde brillante, lleno de vida, pero para sus ojos todo parecía gris y muerto.

No sabía cuántas veces había recorrido ese sendero; cada paso era una tortura.

Llegó nuevamente a aquel claro. El lugar exacto donde, tiempo atrás, el Musgo Esmeralda había florecido con esplendor. Ahora solo había tierra vacía.

Fabián se dejó caer de rodillas lentamente, rozando el lodo con los dedos temblorosos, y los recuerdos lo golpearon.

—Si no hubiéramos usado aquella planta... —murmuró con la voz rota.

El arrepentimiento y la desesperación impregnaban sus palabras.

Sabía que el «hubiera» no existía, que no podía regresar el tiempo, pero no podía evitar torturarse con esa hipótesis.

Si no la hubieran gastado, quizás los ojos de ella tendrían cura ahora mismo. Quizás todo sería diferente.

Claudio lo observaba desde lejos, preocupado.

Jamás había visto a Fabián Ortega en ese estado.

Capítulo 1289 1

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