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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 1325

En los días siguientes, toda La Concordia se llenó de un ambiente festivo.

Las casas de los Reyes y los Ortega parecían mercados de tanta gente que entraba y salía, todos con regalos y felicitaciones para ser testigos de la próxima boda de la pareja ideal.

Aunque Almendra no podía ver, a través de sus dedos tocaba los planos de la boda que Fabián le pasaba; en la textura del papel y el olor de la tinta se escondía el profundo amor de él.

La mansión de los Ortega ya era una residencia centenaria, con vigas talladas y un aire de abolengo. Pero a Esteban no le pareció suficiente, así que supervisó personalmente a los trabajadores para ensanchar los pasamanos de los pasillos, incrustar bandas de bronce con relieve táctil en los bordes de cada escalón e incluso pavimentar de nuevo los caminos del jardín con guías táctiles suaves para ciegos.

Lo más llamativo fue la «Hacienda La Almendra», que Fabián mandó construir trabajando día y noche.

La hacienda ocupaba hectáreas de terreno. El edificio principal conservaba un estilo tradicional por fuera, pero por dentro estaba lleno de ingenio.

Todos los muebles tenían las esquinas redondeadas y un sistema de voz inteligente podía responder con precisión a cada necesidad de Almendra.

Junto a los ventanales de la sala, instalaron vidrios de un material especial que, si se rompían, no lastimarían a nadie.

En resumen, cada detalle estaba pensado para la comodidad de Almendra.

—Es demasiado gasto —dijo Almendra acariciando un relieve en la pared de la recámara principal; sus dedos recorrían las finas líneas y casi podía «ver» los dos cisnes entrelazados de la imagen.

Fabián la abrazó, rozando su barbilla con la cabeza de ella: —¿Cómo crees? Mi niña se merece lo mejor de este mundo.

Aunque se suponía que Almendra recuperaría la vista en tres años, ya fuera uno o tres, Fabián no quería que ella pasara ninguna incomodidad.

Mientras tanto, la familia Reyes no se quedó de brazos cruzados.

Los cuatro hermanos se dividieron el trabajo.

Cristian se encargó de la lista de invitados.

Alexandro movió sus contactos para garantizar la seguridad de la boda.

Gilberto contactó al mejor equipo de organización de bodas.

Marcelo, por su parte, buscó en secreto a un maestro artesano para que le hiciera a su hermana una corona de plumas única.

En cuanto a Frida y Simón, se ocuparon de preparar el patrimonio que le darían a Almendra como regalo de bodas.

Almendra había estado perdida desde niña; sentían que no habían cumplido como padres, que no le habían dado amor. Ahora que había vuelto, la familia no le había ayudado mucho; al contrario, era ella la que siempre los ayudaba en silencio.

Por eso, Frida y Simón sentían que debían compensarla bien, aunque a ella no le faltara nada.

Pero tenían que dárselo.

Ese respaldo económico era la seguridad que le daban frente a su nueva familia política.

¿No decían por ahí que su hija tenía suerte de casarse con un Ortega? Pues iban a demostrarles a todos quién tenía suerte de verdad.

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