Almendra ignoró la sorpresa en los ojos de Fabián, se acercó a la mesa y se sentó. Luego, lo miró y le preguntó:
—Dime, ¿qué problema tienes exactamente con tu salud?
¡La conmoción que sentía Fabián era indescriptible!
¿Eso significaba que… Alme era El Santo?
No podía ser.
¿Cuántos años tenía ella hace ocho años?
Podía aceptar que a los ocho años hubiera ganado toda clase de premios académicos nacionales e internacionales, pero en ese momento, le resultaba imposible aceptar que a los diez años ya se hubiera convertido en El Santo del mundo de la medicina.
Eso… ¿era demasiado increíble?
En su mente, siempre había imaginado a El Santo como un anciano de pelo cano, o al menos, un hombre de mediana edad. Pero jamás se le ocurrió que el legendario El Santo fuera su prometida de dieciocho años.
Por un momento, se sintió completamente abrumado.
Almendra, al ver a Fabián sentado frente a ella, sin decir una palabra y solo mirándola fijamente, sonrió con resignación.
—¿Estás enojado?
Fabián no estaba enojado, simplemente no podía creerlo.
—¿Cómo lo hiciste?
Hoy, en internet, mucha gente le había preguntado cómo había logrado ganar tantos premios a los ocho años. Ahora, él también quería preguntarle cómo, a los diez años, había podido convertirse en El Santo del mundo de la medicina.
Almendra explicó:
—En realidad, todo son exageraciones. No soy como dicen, capaz de resucitar a los muertos.
Fabián seguía sin poder creerlo.
—Pero a los diez años ya te llamaban El Santo.
Hace ocho años, un médico milagroso de otro país había curado a un jefe de estado que padecía un cáncer terminal, conmocionando al mundo entero. Aunque ese líder ya se había retirado, todavía seguía con vida.
Desde entonces, ese médico fue conocido en el mundo de la medicina como El Santo.
Almendra sonrió.
—Quizás nací para ser médico.
¿Alguien podría creer que Almendra, a los seis años, ya era capaz de usar un bisturí para realizar disecciones humanas?
VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada