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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 430

Almendra también abrió los ojos. Al ver a Fabián sentándose en la cama, sonrió con pereza:

—¿Qué pasa? ¿Te dio miedo?

Fabián tosió ligeramente:

—No, es solo que no quiero dejarle una mala impresión a tu hermano.

Después de todo, él y Alme aún no habían celebrado su compromiso formal. Además, Cristian le había advertido apenas anoche que mantuviera su distancia con Alme.

Si Cristian lo atrapaba ahora con las manos en la masa, sería bastante incómodo.

—Señorita Almendra, ¿ya se levantó?

Justo en ese momento, una voz agradable y suave se escuchó a través de la puerta.

Fabián se quedó pasmado: «...».

Almendra soltó una risita:

—Es alguien de mi empresa, Cintia.

Ahora Fabián se sentía aún más incómodo; finalmente entendía lo que era sentirse como ladrón acorralado.

—Voy a abrir.

—Sí, regresa a tu cuarto.

Fabián: «...».

Cintia había estado muy preocupada por no poder contactar a Almendra ayer, así que en cuanto se levantó fue a tocar su puerta.

En su mente, Almendra no era de las que se quedaban dormidas hasta tarde, así que a esa hora ya debería estar despierta.

Cuando la puerta se abrió, dijo de inmediato:

—Señorita Almendra, usted...

No pudo terminar la frase; se quedó petrificada en su sitio.

¿Qué estaba viendo?

¿Otro hombre?

Su cerebro no lograba procesarlo.

Se quedó parada ahí como tonta, con la garganta como si estuviera oxidada, incapaz de emitir un solo sonido.

Fabián le echó una mirada indiferente y dijo con frialdad:

—Ella está adentro.

Al escuchar esto, Cintia miró a Almendra con gratitud y dijo con voz sincera:

—Señorita Almendra, si no fuera por su guía, no habría logrado este resultado. Además, cuando Catalina trató de inculparme en la competencia, usted fue la primera en encontrar las pruebas. Señorita Almendra, de verdad no sé cómo pagarle.

Almendra sonrió:

—Tú tienes talento para el diseño, yo solo te di un empujoncito.

—Señorita Almendra, de todos modos, sin usted no existiría la yo de ahora. En el futuro, encontraré la forma de pagarle todo lo que ha hecho por mí.

Cintia estaba realmente agradecida con Almendra.

—Sigue esforzándote.

—Sí. Señorita Almendra, entonces... ¿cuándo regresa al país?

—Tengo algunos asuntos pendientes, regresaré en unos días. Ustedes adelántense.

—Está bien.

Cintia regresó a su habitación a empacar. Apenas abrió la puerta para salir, vio a Cristian vestido de traje, sosteniendo un enorme ramo de girasoles frente a la puerta de Almendra, a punto de tocar.

Detrás de él había una fila de hombres de negro, cada uno cargando montones de regalos. Cintia echó un vistazo rápido: todo eran marcas de lujo mundial.

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