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Mamá, ¿por qué llora ese hombre? romance Capítulo 1

El día que Yara Herrera descubrió que estaba embarazada, su esposo acompañaba a su hermana a un chequeo prenatal.

Un segundo antes, Yara estaba a punto de darle la noticia del embarazo a Sebastián Salvatierra.

Al segundo siguiente, el inconfundible aroma amaderado y frío de su loción inundó el aire. Levantó la vista.

El hombre, de figura impecable y porte elegante, sostenía a una mujer de la que solo se veía el perfil, pero era suficiente para notar su deslumbrante belleza.

La mujer estaba pálida y se aferraba el vientre con una mano.

—Sebastián, me duele mucho el vientre...

—Valeria, aguanta un poco, mi amor —dijo el hombre. Su voz, siempre tan fría, estaba ahora cargada de una ternura infinita.

Detrás de ellos caminaban los médicos principales de cada departamento del hospital, formando una gran comitiva que los seguía hacia la sala de exámenes.

Los dedos de Yara rozaron la chaqueta del traje del hombre, quedándose en el aire.

Llevaban casi siete años casados.

Cuando ella se enfermaba, Sebastián jamás la había acompañado al hospital.

Mucho menos le había hablado con tanta dulzura. Eso no pasaría ni aunque fuera el fin del mundo.

Y ahora, veía con sus propios ojos cómo aquel hombre, siempre tan distante y calculador, tenía toda la paciencia del mundo para consolar a alguien más.

En ese instante, Yara sintió como si le hubieran clavado un cuchillo directo al corazón, dejándola desangrarse.

—¿Lo vieron? Ese es el mismísimo CEO del Consorcio Salvatierra. Se graduó de la universidad a los diecisiete años, estudió en el extranjero, y cuando volvió ya había fundado varias empresas que cotizan en bolsa antes de tomar las riendas del consorcio familiar. Con un hombre tan perfecto, ¿por qué no puede fijarse en mí?

—Valeria también es increíble, ¿ok? Tiene un doble doctorado en la Real Academia de Arte. ¡Una sola de sus pinturas se vendió por cincuenta millones de pesos! Y además, baila a nivel profesional.

—Es hermosa, con una figura envidiable y talentosa, era obvio que el Señor Salvatierra se enamoraría de ella.

Los murmullos de las enfermeras entraron palabra por palabra en los oídos de Yara.

Yara miró hacia la dirección por donde se había ido Sebastián.

Era la sala de ultrasonidos.

A juzgar por lo tenso que se veía Sebastián mientras cargaba a Valeria Villalobos hacia la sala, era evidente.

Valeria también estaba embarazada.

Yara sintió que se le helaba la sangre en las venas.

Recordó que, antes de casarse, Sebastián le había dejado muy claro que no quería hijos.

En aquel entonces, ella pensó que simplemente no le gustaban los niños.

Ahora se daba cuenta de que no era que no quisiera hijos.

Simplemente no quería que ella fuera la madre de sus hijos.

Todo se volvió negro ante sus ojos y se desmayó.

***

Al día siguiente, en el hospital.

—¿Ya despertaste? Soy tu cuidadora, puedes decirme Clara.

Yara murmuró una afirmación débil y, por instinto, buscó su teléfono.

Al desbloquearlo, no había llamadas perdidas ni mensajes nuevos.

Abrió WhatsApp.

Tenía fijado el chat de «Sebastián».

Al entrar, la conversación seguía exactamente donde ella la había dejado.

Capítulo 1 1

Capítulo 1 2

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