¿Acaso iban a revisarles los bolsillos a todos?
¡No tenía las agallas para atreverse a algo así!
—¿Alguna pista?
Rogelio mantenía la mirada fija en su chica y preguntó con extrema dulzura.
Había demasiados lugares donde esconder unos zapatos.
Si ella realmente se esmeraba en esconderlos, ¡buscarlos sería como hallar una aguja en un pajar!
—Donde escuchen el sonido más fuerte, allí están los zapatos.
Aldana levantó una ceja, lanzando la frase con evidente diversión.
¿El sonido más fuerte?
Héctor pensó de inmediato en Leonardo, porque como era cantante, tenía unos agudos impresionantes.
—Yo no soy.
Leonardo se encogió de hombros con actitud relajada.
—No tengo la menor idea de lo de los zapatos.
Las amigas y los familiares cercanos también negaron con la cabeza, declarándose inocentes.
Y del personal ni hablar.
—¿Dónde rayos metieron esos zapatos? —Héctor se rascaba la cabeza con desesperación.
En ese preciso instante.
Desde el salón exterior, estalló el llanto potente y cristalino de Gordito:
—¡Buaaaa!
El pequeño acababa de despertar y, muerto de hambre, estaba berreando con toda la fuerza de sus pulmones.
—Mi bebé despertó, iré a verlo —dijo Julieta con gesto de disculpa—. Ustedes sigan jugando.
Hubo un silencio de un par de segundos.
De repente, Rogelio se dio la vuelta y salió tras ella a paso acelerado.
Los demás:
—¿¿¿???
¿Qué estaba pasando?
¿Acaso Rogelio, al no encontrar los zapatos, había decidido darse a la fuga dejando a la novia plantada?
Mientras todos seguían desconcertados, Rogelio se plantó justo frente a Gordito.
Julieta, que estaba consolando a su hijo, parpadeó.
—¿?
Gordito, que estaba en pleno llanto, también se calló un segundo.
—¿?
—Rogelio, no estarás pensando que los zapatos están conmigo, ¿verdad? —Julieta sonrió con dulzura y aclaró—: Te lo prometo, no los tengo.
—No están contigo. —La nuez de Adán de Rogelio subió y bajó, y respondió con su voz rasposa—: Pero sí con tu hijo.
—¿Qué?
Algo inaudito, algo jamás visto.
Alguien subió la foto a las redes sociales y de inmediato se volvió tendencia mundial.
El gran titular: ¡Rogelio Lucero se arrodilla por amor!
Terminado el beso.
Rogelio le puso los zapatos a Aldana con total delicadeza y clavó sus oscuros ojos en ella.
—¿Estás lista para irte conmigo, Sra. Lucero?
—Claro.
Aldana esbozó una sonrisa de lado y extendió los brazos hacia él.
—Cárgame.
—Con gusto.
Rogelio no perdió el tiempo. La levantó entre sus brazos, estrechándola con fuerza contra su pecho.
Por fin se estaba casando con la mujer que era su mundo entero.
—¿Estás feliz?
Aldana apoyó la cabeza en su pecho, sintiendo el latido fuerte y acelerado de su corazón, y movió los labios para preguntar.
—Infinitamente.
Rogelio tomó su mano y la miró a los ojos con devoción profunda.
—Vámonos a casa, Sra. Lucero.

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