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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1714

Reinaba el silencio.

Ese giro inesperado de verdad lo mató del susto.

Pensó que su pequeña Jefa iba a decir algo grave.

—Por supuesto que sí —respondió Héctor sin pensarlo dos veces—. En esta casa, tú siempre serás la Jefa.

—Me parece perfecto.

Tras obtener la respuesta que quería, Aldana miró a Rogelio, quien estaba comiéndose un huevo frito, y dijo:

—Vámonos.

—¿Eh?

Rogelio apenas había levantado la comida cuando tuvo que soltarla y ponerse de pie obedientemente.

Vinieron con tantas prisas, no para oponerse...

¡Sino para asegurarse de que su puesto como «la Jefa» no estuviera amenazado!

Rogelio sonrió.

Al pasar junto a Héctor, se detuvo y lo miró.

—Hermano.

Héctor se puso firme de inmediato, con la postura de alguien listo para recibir un regaño.

—Deja de actuar como un tonto despistado —le advirtió Rogelio en voz baja—. Ya que decidiste estar con Gilda, tienes que asumir todas las consecuencias.

—Pase lo que pase, tú debes ponerte delante y protegerla.

Por muy ruda que fuera Gilda, seguía siendo una mujer.

Y en la familia Lucero.

Las mujeres estaban para ser consentidas, no para soportar desprecios.

—Lo entiendo, hermano —asintió Héctor con seriedad—. Me esforzaré por seguir tu ejemplo.

—Bien.

Rogelio le dio unas palmaditas en el hombro, con las comisuras de los labios ligeramente elevadas. Luego miró a Gilda y su tono se volvió más formal:

—Perdón por la interrupción. Ya nos vamos.

Gilda asintió, los acompañó hasta la puerta y observó cómo se alejaban.

Cuando la puerta se cerró.

Gilda se apoyó contra la pared y dejó escapar un largo suspiro de alivio.

—¿Te asustaste?

Héctor se acercó a ella, le tomó la mano y su apuesto rostro se iluminó con una sonrisa.

—No tengas miedo, ahora no solo me tienes a mí, también tenemos el apoyo de mi hermano y de cuñadita.

Gilda levantó la mirada y sus ojos claros se clavaron en él.

Unos segundos después.

Levantó la mano, le pellizcó la mejilla a Héctor y dijo frunciendo el ceño:

[Gilda: ¡Héctor, deja de esconderte detrás de mi hermanita ahora mismo!]

[Aldana: ...]

[Julieta: vfbjjhrfb...]

[Julieta: Lo siento mucho, mi Gordito presionó el teclado con la boca.]

[Lourdes: ¿Héctor? Me suena el nombre, pero olvidé su cara. Aldi, ¿por qué lo mencionas de repente?]

Gilda, que también estaba en el chat, no se atrevió a escribir nada.

En realidad, que alguien más anunciara su relación por ella era un alivio.

De lo contrario, siempre que salía, temía encontrarse con algún familiar y no saber cómo explicarlo.

[Aldana: Porque ahora es el novio de Gilda.]

[Wilfredo: ¿?]

[Sombra: ¿?]

[Leonardo: ¿?]

[Lourdes: ¿Ah?]

[Julieta: ggjjjnddc]

[Julieta retiró el mensaje anterior y explicó: Qué vergüenza, Gordito me estaba quitando el celular.]

[Julieta: ¿No leí mal, verdad? ¿Aldi dice que el hermano de Rogelio ahora es el novio de Gilda?]

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