—Yo...
Antes de que pudiera responder, Aldana le cerró la puerta en las narices.
Instantes después, se escucharon los murmullos entusiastas de ambas chicas dentro de la habitación.
Rogelio se quedó parado frente a la puerta unos segundos, resignado, antes de abrazar su almohada y caminar hacia la habitación de invitados.
—Señor, ¿dormirá aquí esta noche? —preguntó Eva, quien estaba ordenando, con evidente sorpresa.
—Sí —respondió Rogelio con voz apagada, dejando la almohada sobre la cama—. Voy a cortar un poco de fruta para ellas.
—En seguida le ayudo.
Eva no pudo evitar soltar una risita. El señor parecía un esposo regañado y exiliado.
***
Por la noche.
Aldana y Lourdes cenaron, y luego se recostaron contra la cabecera de la cama para jugar videojuegos.
—¿A tu viejo zorro no le molestará que yo haya usurpado su lugar? —preguntó Lourdes, sin quitar la vista de la pantalla.
—Seguro que sí.
Aldana levantó una ceja y soltó una ligera carcajada:
—Pero no se atrevería a decir ni media palabra.
De lo contrario...
Probablemente ni siquiera le darían el lujo de dormir en la habitación de invitados.
—¡Bien hecho!
Lourdes le levantó el pulgar a Aldana en señal de aprobación:
—Así es como hay que educar a los hombres.
—Por supuesto que sí. —Aldana esbozó una sonrisa orgullosa, presumiendo sus labios pintados de rojo—. Rogelio está súper bien educado, hace todo lo que le digo.
Salvo en la cama, que de repente se hacía el sordo.
—Ya veo.
Lourdes sonrió, pero el recuerdo de Darío cruzó su mente de golpe.
Hablando de eso.
Ese chico mantenido también era bastante obediente.
La última vez que lo regañó, ni siquiera se atrevió a llamarla en un par de días.
Quién sabe cómo le estaría yendo con la chica de sus citas a ciegas.
Debe de estar pasándola de maravilla, pensó.
Ahora tenía citas, pronto se comprometería, luego vendría la boda...
Y en un futuro cercano, formaría una familia y tendría hijos.
Para entonces, él se habría borrado por completo de su vida.
Lourdes forzó una sonrisa llena de amargura.
Probablemente cargaba con algo muy pesado en el corazón y no quería decirlo en voz alta.
—Encontraré el momento para platicar a fondo con ella —Aldana cerró los ojos, entrelazando sus dedos con los de Rogelio—. Ya durmamos, Lourdi me tuvo hablando de chicos atractivos toda la noche, estoy exhausta.
—¿De qué hablaron? —preguntó Rogelio, con la voz repentinamente ronca y un tono juguetón.
—¿Mjm?
Aldana parpadeó y de inmediato cambió de versión:
—¡De un buen corte de carne! Hablábamos de dónde comprar la carne más jugosa.
—Jajajaja...
Rogelio no pudo contener la risa. Se dio la vuelta y se colocó sobre ella, rozando su nariz contra la de la chica.
—La carne de casa siempre sabe mejor, ¿quieres probarla?
Aldana abrió los ojos de par en par, mirándolo totalmente indignada.
Con tal de hacer el amor, no le importaba quedar como un pedazo de carne.
—Tú...
El resto de sus palabras quedaron silenciadas por los labios de Rogelio.
Y al final...
Aldana terminó dándose cuenta de que la única presa servida en bandeja de plata era ella misma.
Dando vueltas y vueltas sin parar.

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