—¿Estás diciendo que Camilo Alzamora lo hizo a propósito?
La voz fría y profunda de Darío resonó en la habitación mientras pasaba las páginas del informe digital.
—Hasta ahora parece que no tiene buenas intenciones —respondió Zenón tras pensarlo un momento—. El enfoque de su licitación es casi idéntico a nuestro proyecto. Y el presupuesto que han ofrecido es mucho mayor al nuestro.
Esa era la táctica perfecta para golpear directamente el proyecto de Darío.
Destruir al enemigo sacrificándose uno mismo.
Si alguien decía que no era intencional, nadie lo creería.
—Mandatario, ¿qué deberíamos hacer? —Zenón tenía el ceño fruncido—. Llevamos dos años preparando este proyecto y hay muchos intereses de por medio. Si sufrimos un revés, su reputación...
No solo afectaría su reputación, sino que le daría a todos los que lo odiaban en la Residencia de Gobierno la excusa perfecta para atacarlo.
—¿A qué le temes?
Al escuchar eso, la expresión de Darío no mostró la menor alteración.
Esbozó una sonrisa de desdén y dijo con tono indiferente:
—Es un inútil. ¿Crees de verdad que va a lograr algo grande?
—Es posible que detrás de todo esto cuente con el apoyo de Don Octavio.
Cuando Zenón pronunció esas palabras, sintió un poco de miedo.
¿Se consideraba eso sembrar discordia entre padre e hijo?
Pero luego lo pensó mejor.
La relación entre el Mandatario y su padre ya estaba tan rota que ni siquiera necesitaba que alguien sembrara cizaña.
—Envíame toda la información que tengamos del proyecto. —Darío detuvo su lectura y su voz se volvió aún más gélida—. Tú no te preocupes por lo demás.
—Entendido.
Zenón respondió con respeto; si el Mandatario daba esa orden, seguro ya tenía un plan.
—Por cierto, Mandatario, hay algo más... —añadió Zenón al recordar algo importante—. Hace poco, el joven amo Camilo hizo un par de salidas en secreto.
—Pero sus hombres fueron muy cuidadosos y lograron despistar a quienes los seguían.
Así que a dónde fue exactamente, seguía siendo un misterio.
—Inútiles —la mirada de Darío se enfrió y ordenó con disgusto—. Cámbienlos por gente que sí sirva para algo.
—De inmediato.
Intimidado por ese tono tan gélido, Zenón se apresuró a cortar la llamada.
Había que admitirlo.
La técnica de Darío era asombrosa, lo suficiente como para hacer que cualquiera perdiera la razón en un instante.
Sin embargo, al sentir cómo un tirante de su blusa caía y la mano de él se posaba sobre su vientre, despertó de golpe.
Durante los primeros tres meses, las emociones y el esfuerzo físico debían controlarse, ¿no?
Podría hacerle daño al bebé.
Al recordar eso, de la nada sacó fuerzas y empujó bruscamente al hombre que tenía encima:
—¡Darío Alzamora, no!
—¡Pum!
Darío no esperaba en absoluto tal nivel de resistencia y, sin tiempo para reaccionar, terminó cayendo de espaldas contra el suelo.
Darío se quedó completamente desconcertado, mirando a Lourdes desde el piso.
Siempre que llegaban a este punto, lo demás fluía de forma natural.
¿Por qué demonios estaba tan alterada el día de hoy?

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