Lourdes aún tenía un poco de postre en la boca cuando Darío la besó de forma repentina.
No tuvo tiempo de tragarlo, él se lo robó por completo.
—Tú...
Los grandes ojos de Lourdes se abrieron de par en par. Lo miró con asombro, mientras sus mejillas se teñían de un rojo intenso.
—En efecto, sabe delicioso. —Al ver su carita sonrojada, las comisuras de los labios de Darío se curvaron hacia arriba.
Lourdes apoyó las manos en el pecho del hombre, con las pestañas temblando ligeramente, aún procesando lo que acababa de ocurrir.
Al notar que ella no lo rechazaba, Darío volvió a inclinarse, capturando sus hermosos labios rojos, y murmuró con voz seductora:
—Abre la boquita, mi reina.
La mente de Lourdes se quedó en blanco. Sin saber en qué momento, sus manos habían subido a los hombros de él, abrazándolo fuertemente por el cuello.
Al cruzar miradas, la atmósfera de la habitación se volvió intoxicante.
Ella dudó un segundo y, finalmente, entreabrió sus labios, correspondiendo al beso con timidez.
Darío, enormemente alentado, pasó de la suavidad a una intensidad avasalladora.
No supo cuánto tiempo pasó antes de que Lourdes lo empujara con fuerza, jadeando.
—Estás aplastando al bebé.
—Lo siento. —Darío reaccionó, conteniendo sus emociones. Posó la palma de su mano sobre el vientre de Lourdes y susurró con ternura—: Papá también te pide perdón.
Al verlo hablar solo, Lourdes sintió que era un poco ridículo, pero a la vez, increíblemente dulce.
—¿Estás cansada? ¿Quieres acostarte un rato? —Darío la miró fijamente y preguntó con delicadeza.
Lourdes era muy delgada, y la barriga de más de cinco meses ya se notaba bastante en ella.
Con sus brazos y piernas tan finos, cada paso que daba parecía costarle un gran esfuerzo.
Si fuera posible, él daría a luz en su lugar.
Lourdes negó con la cabeza y lo miró con seriedad.
—¿Qué pasó cuando fuiste a tu casa? ¿Afectará tu trabajo como Mandatario?
Había visto las noticias; todos hablaban del tema.
Y no faltaban quienes lo insultaban.
—Solo fui para avisarles que me voy a casar.
Darío sonrió levemente y respondió sin prisas:
—Y para darle la buena noticia al abuelo.

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