Darío no reaccionó a tiempo. Tras un ligero tropiezo por el tirón, apresuró el paso para seguirla.
—¿No decías que querías casarte por el civil? Pues te lo concedo.
Lourdes bajó las escaleras rápidamente, todavía en pantuflas.
Con esa actitud, cualquiera pensaría que iba marchando a la guerra.
Cornelio y Sania estaban en la sala, tomando té y charlando tranquilamente.
Al escuchar el alboroto, ambos se giraron al mismo tiempo y preguntaron desconcertados:
—¿Qué pasa? ¿Por qué tanta prisa?
—Algo muy importante.
Lourdes agarró su bolso del sofá y se lo metió a Darío en los brazos.
—Quiero anunciarles que el día de hoy se convertirá oficialmente en mi aniversario de bodas con Darío.
—¿Aniversario de bodas?
Cornelio se tragó el té y le susurró a su esposa:
—Sania, ¿cuándo se casaron estos dos por el civil? ¿Por qué no me enteré?
...
Sania se quedó sin palabras, porque ella tampoco tenía idea.
—¡Hoy! —respondió Lourdes con firmeza—. No, esperen. ¡Más bien dentro de una hora!
Si se iban ya mismo, todavía alcanzarían a llegar a la Oficina del Registro Civil antes de que cerraran.
—Don Cornelio, doña Sania, yo... —Darío se paró erguido, dispuesto a explicarse, pero Lourdes lo interrumpió de tajo.
—¡Camina ya, no tenemos tiempo para hablar!
Si no llegaban a firmar los papeles, él volvería a su paranoia diaria de que lo iba a abandonar.
¿?
Cornelio se quedó pasmado con la taza en la mano, miró a su esposa rígido y le preguntó, incrédulo:
—¿Lourdes acaba de decir que se va a casar?
—Creo que sí, eso dijo de casarse —Sania también estaba impactada.
¿No era demasiado apresurado elegir el día así nomás?
—Parece que nuestra hija es la que tiene prisa.
Cornelio reflexionó y comentó:
—Si es así, ¿por qué Darío tardó tres años persiguiéndola para conquistarla?
—Era cuestión de tiempo.

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